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Archive for 30 noviembre 2008

Lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, soberbia.

Todos, en mayor o menor medida soy pecador de los siete y si de alguno no lo soy seguro que estoy en camino. Y lo peor ¡sin arrepentimiento! Como siete pecados este mes han sido siete los vinos, a saber:

– Tierras de Albares 2006. DO Bierzo (5,08 EUR)
Otra muy buena mencía sin maquillaje. Fruta negra muy madura que está escondida detrás del notable toque vegetal y con un agarre en boca que le da una presencia rústica bastante interesante. Tiene personalidad. Estoy dándome cuenta de que estas mencías sin madera le van muy bien a la legumbre invernal. En el caso de hoy unas lentejas. Lo dicho, un mencía muy recomendable con muy buena RCP. Sigo en mi línea de mencías sin madera.

– Cuatro Pasos 2006. Martín Codax. DO Bierzo (6,04 EUR)
Mencía redondeada, como un toro afeitado. Tiene todos los componentes que esperas en un vino hecho con mencía. Frutos negros, toque vegetal y una ligera astringencia, todo ello embutido dentro de una esfera. No sé si merced a cómo se ha vinificado o bien debido al par de meses de madera; de esta última sólo se observa un ligero toque de café al descorchar la botella, de modo que bien por esta parte. En definitiva me ha resultado un vino agradable del que no me importaría beber más botellas.
Como he comentado en anteriores notas de cata parece que la mencía es un buen acompañante de la legumbre, en esta ocasión ha sido buena compañía para un cocido.

– Gaba do Xil Godello 2007. Compañía de Vinos de Telmo Rodriguez. DO Valdeorras (6,83 EUR)
Redondo, redondo. Para importar o exportar dando igual el sentido de la marcha de las cajas. Imposible que no te guste. Improbable que te enamore.

– Colet Blanc de Blancs Extra Brut Traditionnelle. Josep Colet. DO Penedes. (aprox 8 EUR)
Poco tiempo para hacer la comida, estrés, prisa. No hay descanso. No hay tiempo. Necesito un vino que me haga sentir bien, cómodo. Que me haga sentir en casa cuando beba el primer sorbo.
Mmm…. aunque la primera copa mostraba un carbónico más que vivaz desde ahí se ha mostrado tan cremoso como las ocasiones anteriores. Durante el tiempo que ha durado la cocina del marmitako me ha hecho sentir bien. Me acostumbré a decir Gemütlich.

– Heymann-Löwenstein Schieferterrassen 2006. Mosel-Saar-Ruwer (15 EUR)
Hoy no he comido más que un sandwich. Semana laboral larga y agotadora. Por favor, dejadme que tenga mi momento naif del viernes.
No voy a cocinar más que una tortilla francesa con atún de lata, sí, de ese que está de oferta en el supermercado más cercano. ¿Fashion? pues mira no, pero me temo hoy no doy para más. Una alimentará mi cuerpo, el otro alimentará mi alma.
Queso. Cerilla al encenderse. Lata de anchoas. Sólo unos segundos, despues… se llena la boca y te explota la riesling en en los sentidos. Miel, limón y la naranja del roscón. Riesling orondo con dos tallas de más… si no fuera porque se despereza en él un toque de sequedad que corta la línea que lo llevaba al dulzor y que le pone el debido corsé. Muy recomendable.

– Château Bouscassé 2004. AOC Madiran (10,6 EUR)
Conociendo el alto porcentaje de tannat (65% y el resto cabernets, según la página web de la propia bodega) que tiene este vino he considerado adecuado jarrearlo al menos una hora antes de probarlo. Durante el jarreo el vino muestra aromas de lo más amable a fresas maduras, aceitunas, algo de tocino. Esperaba encontrarlo así de amable en boca… ¡zas! Tremenda tanicidad que me deja totalmente noqueado. Algo tremendo. Me ha ganado. Fin del primer round. ¡Pa’bernos matao!
Veamos qué me encuentro al día siguiente. Toda esa tanicidad se ha ensamblado con el resto del vino y ahora le da un giro rústico de lo más atractivo, estando ligado a otros elementos de este vino, como son su firmeza y dureza. Es un vino realmente potente y lo digo en el buen sentido. Los que me conoceis sabeis de lo poco que me gustan los vinos que sacan pecho y son pura potencia a golpe de extracción y grado alcoholico, sin embargo este es… ¿cómo decirlo? Potencia esencial. Es como si este vino fuera así sin pretenderlo, como decía el escorpión: Está en su naturaleza. Esa rusticidad y potencia hace que pasen desapercibidas otras características, porque ahí de fondo tiene una acidez que también es reseñable.
¿Con qué tomarlo? He optado por un choque de trenes. A la potencia, más potencia. Se ha terminado de hacer buen amigo de un plato de manitas de ministro y a la cena unos níscalos cocinados en esa misma salsa.
Recomendable si buscas un vino sin atisbo de sutilidad. Vistas las credenciales con las que se presenta me pregunto como evolucionará. Me puedo equivocar, y es lo más probable, pero creo que tiene lo suficiente para crecer con el tiempo.

– Borsao Selección 2007 Blanco. DO Campo de Borja. (4.3 EUR)
Manzanas, manzanas y más manzanas. Un paso oleoso, con la acidez justa y un deje amargoso que completa el conjunto. Sencillísimo, pero solvente. Buena RCP.

Como veis este mes toca post corto. Lo breve, si breve, dos veces breve. Era así ¿verdad?
En cualquier caso no me voy sin dejaros una nueva entrega de “¿Alguien sabe cómo sobrevivimos a los ’80?”. Os dejo un vídeo que no es la versión original, pero parece todo un epítome de aquellos tiempos.

Nota: La imagen corresponde a “Los Siete Pecados” de El Bosco.

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En ocasiones querría volver a ser un niño, a un tiempo en el que el mundo era inocente o en el que quizá los inocentes eramos nosotros. Era un mundo en el que era sencillo distinguir a los buenos de los malos. Los malos eran los indios y los buenos siempre los vaqueros.

Volver a ser un niño para poder tener de nuevo esas miles de primeras veces. La primera vez que vi el mar. Eran las primeras horas de la mañana tras una larga noche de viaje. El sol provocaba incontables reflejos en esa enorme e hipnótica masa azul. No era consciente en mi absoluta inocencia de la magnitud real de aquella inmensidad. Todavía hoy recuerdo las sensaciones de aquella primera vez que vi el mar.

Volver a ser un niño y volver a leer por primera vez esos libros que te acompañaban al merendar. Ser uno más de Los Hijos del Capitán Grant, explorar 20.000 legüas en un viaje submarino, ser un correo del Zar como Miguel Strogoff, tan caballero como Ivanhoe y tan perdido como Robinson Crusoe. Noches en las que el sueño te encuentra escuchando el atormentado y cadencioso paso del Capitán Achab en la cubierta, mientras todos soñamos con encontrar a esa maldita ballena blanca. Una lista casi infinita de primeros libros y primeras aventuras literarias. Libros que nunca se olvidan.

Volver a ser un niño también desde un punto de vista enológico. Esos primeros vinos que consiguieron despertar en ti el interés, que estimularon algún resorte oculto escondido en tu cerebro. Desde esa niñez enológica sólo queda crecer, evolucionar, madurar. ¿Hacia dónde? Eso nunca se sabe. Hay miles de caminos a explorar, miles y miles de vinos a probar. Miles de vinos a beber.
Ese camino que cada uno hace como puede, como todo en la vida. Al principio todo es nuevo. Blancos, tintos, rosados, espumosos, generosos, dulces… toda una panoplia de colores, sabores, olores, formas de vinificación, uvas distintas, paises… ¿Paises? Sí, paises. Antes de llegar a meterte más en este mundo los límites del mundo conocido son Rioja, Ribera del Duero, oyes rumores de Jerez, Francia sólo significa Burdeos y Champagne; y Portugal, que hace Oporto. Y ya está, no existe nada más en el mundo que esos pequeños esbozos. Caminas, lees, bebes, aprendes y el mundo se hace cada vez más y más grande. Más paises, más zonas, más productores. Maravillosamente inabarcable como el mar de mi infancia.

Cuando todo es nuevo, todo te entusiasma; como a un niño pequeño ¿no creeis? Los vinos jóvenes, los que tienen más crianza, algunos grandes reservas tradicionales se cruzan en tu camino y los miras extrañado porque no sabes ni como mirarlos. Probar y probar, beber y beber. Aprender. Aprehender.
Sigo probando todo lo nuevo que puedo, pero con una base más firme que hace que estas pruebas sean mucho más controladas que en un principio. Ya no son pruebas alocadas sin orden ni concierto, si no que son pruebas dirigidas al aprendizaje. Zonas poco exploradas y sobre las que deseas aprender un poquito más, productores a los que quieres tomar la medida, variedades de uva en determinadas vinificaciones. Y entre tanta bebienda, como en la lectura, siempre le haces un hueco a los clásicos. Siempre hay que intentar hacer un hueco a esos vinos que son para ti un valor seguro y para los que siempre encuentras un momento de atención.

Todo esto daba vueltas por mi cabeza cuando un comentario de Miriam actuó como catalizador de estas ideas. ¿Cómo ha evolucionado mi gusto en estos años? Quizá se ha hecho más amplio. Al menos eso quiero pensar. Disfruto igualmente de vinos jóvenes, de vinos con mayor crianza y de vinos en diversas formas de elaboración. Sí es cierto que he aprendido a valorar lo increiblemente complejos que son los vinos blancos. Suelo decir que algunos vinos tintos han conseguido gustarme mucho, pero sólo algún vino blanco me ha conseguido enamorar.
La clave del vino que me gusta está en que intento valorar subjetivamente un vino en lo que es, en su entorno y en lo que pretende. No le pido lo mismo a un vino joven que a uno que haya sido elaborado de otra forma. No le pido lo mismo a unas uvas que a otras, a unos elaboradores que a otros y a unas zonas que a otras.
Puede parecer pretencioso que me cite a mi mismo, pero la vara de medir que se puede utilizar para mi gusto sigue siendo el post con el que me presenté.

Quiero pensar que mi gusto por el vino era en su inicio un enorme pegote de arcilla, que la bebienda ha ido esculpiendo para dar forma a lo que es actualmente. Sin despreciar ningún tipo de elaboración, si no viendola en lo que es y lo que pretende ser. Habrá que seguir bebiendo para seguir formando el gusto.

Aun así, en ocasiones, sigo echando de menos volver a ser un niño.

Nota: Este post ha sido escrito con alguna copa de uno de los vinos más potentes que he podido beber. Potencia esencial y, raro, me ha gustado: Château Bouscassé 2004. Ya os comentaré mis impresiones respecto a este vino en el próximo resumen mensual.

Créditos: La fotografía procede del site de Wili Hybrid en Flickr

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El jueves pasado volvimos David y yo a hacer nuestra tradicional visita a Lavinia para tomar algún vino barato para estos tiempos de crisis. Bueno, eso de barato y Lavinia en la misma frase se hace complicado,  dejémoslo en algo no demasiado caro. Tenía ganas de volver a probar el Dido blanco o alguno de los vinos que están haciendo por la Ribera Sacra Rene DSCN3359Barbier Jr. y Sara Pérez en el Dominio do Bibei y parecía esta una buena ocasión para convencer a David de que en España también se hacen buenos vinos, jejeje.  Al final nos decantamos por La Pola 2005, que resultó ser una muy grata sorpresa. Este vino esta elaborado con cepas de entre 15 y 80 años, siendo un 70% Doña Blanca y un 30% Godello. Fermenta en barricas de roble frances (de 1er, 2º y 3er año) de 500 y 600 litros y permanece en ellas 11 meses para posteriormente pasar 18 meses en el botellero (es de agradecer, que no saquen el vino crudo al mercado). Mas información detallada sobre la elaboración en su web.  En la foto saco también el otro "basico" tinto, La Llama, del que hablaré también dentro de poco.

El vino necesita algo de tiempo para abrirse, yo creo que incluso decantarlo podría estar recomendado. Nosotros usamos copas tipo Borgoña y lo bebimos sin prisa, que es otra de las opciones. La nariz es de buena intensidad y fresca y equilibrada, aparecen notas cítricas, florales y mantequillosas, con una buena carga mineral al fondo. Alguna suave nota de anís y clavo parece asomar con aireación. Se nota un buen trabajo con las lías, tanto en nariz como en boca, donde aparece como un vino amplio y con buena estructura, con una acidez magnífica que se une con elegancia a una  ligera untuosidad. Es bastante largo y mineral en su final, incluso me parece detectar una punta salada al entrar en boca que le da mucha originalidad. Se bebe con facilidad y solo de recordarlo ya me entran ganas de abrirme la botella que me llevé a casa. Cuesta 15€ en la ya mencionada tienda, lo que no me parece nada disparatado para la calidad del vino.

También tomamos una copa de Clos Manyetes 2004, siguiendo con otro de los vinos de la familia. La botella llevaba abierta bastantes horas y el vino estaba bien expresivo, aromas característicos de la zona y un paso por boca, con buena tanicidad pero sin excesos y bastante elegante. Un Priorat bastante bien hecho.

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Como estaba solo en casa y la tarde había comenzado bien, le propuse a David ir a cenar a mi casa cualquier cosa, que tenía ganas de abrir algo rico. La botella en cuestión fue un Clos de la Bussiere, 1997, un monopole de George Roumier en Morey Saint Denis. Lo abrimos, servimos un poco en las copas y decantamos el resto mientras nos calentábamos un par de pizzas y curioseábamos por los foros y blogs (que le vamos a hacer, era jueves y ya quedaba poco en la nevera). La verdad es que el vino se mostró muy bien casi desde el principio, si bien la aireación le vino bien a un tanino algo marcado inicialmente. Un vino de estos para enamorarse de la Borgoña, de la Pinot Noir, de su elgancia, equilibrio y de la capacidad que tiene para transmitir su suelo. La nariz es de buena intensidad, aparece una fruta roja en forma de pizza y roumiercerezas, sobre notas de pétalos de rosas, algo de suelo de bosque en una mañana húmeda y con niebla (toma ya! de esas de ir a coger setas, para entendernos), bastante terrosidad, una terrosidad como arcillosa con mucha hoja seca. También da algo de tabaco de liar. No es excesivamente complejo, pero no esta nada mal. Quizás eche algo de menos que fuese algo mas especiado, pero no, aquí domina completamente la tierra de forma franca y directa. En boca esta inmenso, con un tanino vivo, con una acidez magnífica, se muestra sumamente elegante y equilibrado, llenando la boca de esas sensaciones descritas en la nariz, mucha mineralidad y un final largo magnífico. Muy buen vino, adictivo.

Como veis una buena tarde-noche, tan solo un par de vinos, pero de los que te hacen disfrutar.

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Casa Castillo y almuvedreEl número de asistentes a los miércoles de catálisis ha vuelto a aumentar y de nuevo estamos con fuerzas para tomar un par de vinos por sesión. Después del interesante Nita de la semana pasada, seguimos en el Mediterráneo, pero nos desplazamos mas hacia el sur, en concreto a Alicante para probar la propuesta en Monastrell joven que nos trae Telmo Rodríguez, el Al Muvedre 2007, y todavía mas al sur hasta Jumilla donde se elabora el Casa Castillo Monastrell 2006. Mi idea era comparar un par de monastrell con estilos bastante distintos, el de Telmo me ha parecido un vino bastante diferente a lo que se hace en la zona, con menos color, supongo que con maceraciones cortas y madurando la uva menos que los vecinos. La nariz del vino se muestra inusual, bastante fresca, con algo de ciruelas, leves notas especiadas y sobretodo una buena carga floral. No obstante se aprecian abundantes notas vegetales que no a todo el mundo agradó. En boca de nuevo aparecen estas notas verdosas, con buena acidez y algo de terrosidad, a mi particularmente no me desagrada y por unos 4€ me parece una buena compra. Aunque creo que es un vino de marcada personalidad y que chocará bastante con los gustos de la gente.

En el grupo no acabó de convencer, sobretodo porque el compañero de mesa fue ese excelente Monastrell de Casa Castillo. Tremendamente frutal en nariz, mucha fruta negra, ciruelas maduras y algo de higos, también da alguna nota láctica de yogur de frutos del bosque, aromas mediterráneos balsámicos y terrosos con aromas florales de violetas al final. Expresivo y agradable, sin empalagar. En boca es goloso con una correcta acidez, se bebe con suma facilidad y el alcohol lo integra muy bien. Muestra una ligera amargosidad al final que no me desagrada. La madera no se nota para nada, me figuro que los 6 meses que pasa en barrica, será madera usada. Muy rico este vino, por unos 8€ da una RCP bastante buena. Otro detalle, la botella y la etiqueta me parecen muy bonitas, elegante presentación y muy acertada para el vino. De las etiquetas que mas me gustan en el mercado. (En la foto esta manchada, perdón por poner etiquetas manchadas, no sabía que hay gente a quien esto molesta). Hubo unanimidad y todos se quedaron con el Casa Castillo, que creo que gustó bastante.

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Hechos recientes, casi coincidentes en el tiempo y en un hilo argumental que suelo definir como causalidades de la vida me han traido hasta este post.

En un post reciente del amigo Manuel Camblor hubo alguna frase que me dejó pensando acerca del tema que traigo hoy. Hablaba Manuel, a grandes rasgos, del hábito del consumo y que este no es para él un lujo, si no algo consustancial a la vida.
Como quiera que sea, por esas coincidencias de la vida días antes, durante el almuerzo con los compañeros de trabajo, me descubrí a mi mismo pensando en voz alta ante un plato que tenía un aspecto de lo más apetecible. Tras el primer bocado espeté a media voz un rotundo: “Comer esto sin vino me hace sentir profundamente incivilizado….”
Yo soy así, de vez en cuando pienso en voz alta y me miran como si acabase de llegar del Área 51 con el metrobús recien picado.

Ambos hechos inversamente consecutivos me hicieron pensar respecto a este tema. ¿Es para mi el beber algo cotidiano? ¿he cambiado mi patrón de consumo en los últimos años? Ciertamente la respuesta es afirmativa para ambas preguntas.
Cuando comencé a beber vino era un simple consumo ocasional. Como mucho el fin de semana abría alguna botella, algo así como esa conciencia de “ocasión especial”. Admitamos que en un número razonablemente significativo de los hogares el consumo se ciñe a esos momentos de celebración. Pues más o menos ese era mi patrón de consumo, Sin embargo, con el tiempo, mi consumo se ha ido incrementando y ahora bebo vino como algo totalmente habitual dentro de mi dieta alimenticia.
Debido a mi trabajo no me queda otra que comer fuera de casa, sin embargo en el almuerzo no bebo vino. Me suelen preguntar por ello los que toman vino, generalmente con Casera, y exclaman sorprendidos “Pero ¿a ti no te gusta el vino?”, y suelo responder “Pues por eso mismo… mejor agüa.”
Ante este panorama es en los fines de semana y las noches de cualquier día cuando consumo vino. Me resulta ahora algo totalmente natural y razonablemente cotidiano el abrir una botella de vino a poquito que cocine por la noche. Entended también el contexto, si esa noche voy a cenar un sandwich de jamón york y queso mientras veo Anatomía de Grey no abro más que el cartón de leche para el Nesquick posterior; pero si llego con hambre y enciendo la cocina comienzo rápidamente a pensar qué botella sencillita abriré para tomar una copa bien con la cena, bien mientras la preparo y picoteo algo.
Ciertamente en mi periplo de aprendizaje en los últimos años he pasado de consumidor retraidamente ocasional a observar el consumo de vino como un alimento más, que forma parte de nuestra cultura y en ocasiones, como la referida anteriormente, su omisión me hace sentir incivilizado.

Hasta aquí mi historieta para este mes, ahora los vinos:

– A Posteriori. Bodega Josep Colet. DO Penedés. (7 EUR aprox)
Fresas de otoño. Rosas de invierno.
Sin cambios desde la botella anterior. Fruta roja a raudales. Muy vivo y muy fresco. Buen acompañante para distintos entrantes. Degollado en julio de 2007. Buena RCP.

– Domain Jo Pithon. Les Pepinieres 2004. AC Anjou (13.6 EUR)
Fruta de hueso, orejones, algo de miel, un ligero toque de “madera-LdH” y balsámicos. En boca es todo eso con una viva y excelente acidez que lo hace un trago muy estimulante. Con el tiempo aparece una sorprendente nota de hidrocarburos. Aquí, en cata ciega, habría dicho que era Riesling de todas todas.
Al día siguiente sigue en plena forma, y las notas de madera han desaparecido en nariz y transformado en boca, ya que la acidez que el día anterior era relevante ahora está en un segundo plano, escondida tras una cremosidad como pocos vinos de los que he probado.
Excelente. Como decía la planta de la película ‘La Tienda de los Horrores’: ¡¡¡¡ Daaaaaame !!!!

– Muga Rosado 2007. Bodegas Muga. DOC Rioja (4,84 EUR)
Con mucho la mejor botella de las bebidas este año. Sigue el bajo sonando, acompañado de toda una banda que parece llevar décadas tocando junta y divirtiéndose. De concierto oiga. Este vino no es una novedad, no aparecen referencias aquí y allá continuamente, no se habla gran cosa de él, no obstante está siendo mi rosado preferido de este año.

– Gravonia Crza. 1998. López de Heredia. DOC Rioja (aprox 9 EUR)
Está muy joven. Cada parte lucha con las demás por mostrarse en primer término y se nota en que se muestra como un vino nervioso. Cáscara de naranja y carne de melocotón secados al sol, pomelo, café y las habituales notas de madera marca de la casa. Te bebes copa tras copa sin sentir. Buena RCP y será mejor dentro de unos años.

– Coudoulet de Beaucastel Blanc 2006. Appellation Cotes-Du-Rhone Controlée (20 EUR)
¡No soporto a Julia Roberts! ¿os lo había dicho alguna vez? pues ¡no la soporto! Ya es coincidencia que mientras bebo una copa de este vino aparezca en la televisión el anuncio de una película en la que participa esta (ehem) actriz. Causalidades de la vida. En la copa puedes encontrar todo aquello que puedes esperar de un vino blanco. Una pizca de todo y ni un poco de nada. Abúlicamente redondo. Tan anodino como Julia Roberts. Mala RCP desde luego (me refiero al vino).

– A Priori 2005. Bodega Josep Colet. DO Penedés. (7 EUR aprox)
Degollado en septiembre de 2007. Sigue en plena forma. Disfrutable de principio a fin. Panadería, flores blancas, toque ‘rojo’, fruta blanca. Me encanta.
Me invento un nuevo concepto, “maridaje por consonante” 😉 Le ha ido muy bien este Colet a unas croquetas.

– Patio 2007. Samuel Cano Enológica, S.L. DO La Mancha
“El Gordo de Minnesota se movía como una bailarina”
Esa frase de la excelente película ‘El Buscavidas’ venía a mi mente al beber este vino.
Vestido con mi traje de los prejuicios este vino no debiera gustarme. Variedades, Syrah y Petit Verdot en igual proporción, en una zona que les resulta ajena. Al caer en la copa se presenta con una capa oscura que afianza mis prejuicios latentes. Al carajo, ¡este vino es como El Gordo de Minnesota! Mermelada de frambuesas, pero no es mermeladesco. Ligero en paso. Toque vegetal y fruta negra. Firme, duro, rugoso. Café en grano. Retro de canela infusionada en leche. Me gusta. Ha acompañado bien tanto una menestra de verdura como una tortilla de patata.

– Luciano Sandrone Dolcetto d’Alba 2006. Azienda Agricola Sandrone. DO Piamonte.(12 EUR)
Llevaba tiempo sin beber un Dolcetto y ya iba siendo hora.
Fresas y más fresas en sazón con un paso rugoso y acidez. Lo malo es que están cada uno por su lado. Le falta algo para ser un vino que me apetezca beber más. Entendedme, no es un vino desintegrado, pero tampoco está integrado. Es un sí, pero no. ¿Qué es lo que le falta? Pues la comida. Con la comida este vino es donde se integra a la perfección y te apetece beber más y más. Es en la mesa donde realmente se despereza. Ha acompañado muy bien una lengüa de ternera estofada con verduras.
Sin comida no merecía mucho la pena, con ella ha mostrado que sí tiene buena RCP y que es un vino a tener en la recámara si tienes ganas de Dolcetto.

– Beryna 2006. Bodega Bernabé Navarro. DO Alicante (9.15 EUR)
Tenía este vino en la lista de “pendientes” desde hacía años y ya era hora de formarme una opinión propia al respecto e intentando prejuzgarlo lo menos posible en sentido alguno.
Oscuro en la copa. Mermelada de moras, balsámicos, piel de ciruela negra y por detrás un ligero toque tostado que tampoco molesta demasiado. Aparecen también notas de verdor. No tengo idea de si este vino lleva Cabernet Sauvignon, pero me recuerda a los que he probado con esta uva y no terminaba de estar maduro.
Pese a tomarlo a muy baja temperatura el alcohol golpea con todo y dos copas ya se notan, no obstante el paso en boca es ligero. Me ha parecido un vino que está razonablemente bien, aunque no es del estilo de vinos que me gustan.

El vídeo que he traido hoy para la sección “¿Alguien sabe cómo sobrevivimos a los ’80?” es de esas que recuerdo como una tonadilla continua durante un buena parte de mi muy lejana infancia. Todavía hoy la oigo canturrear a mis padres cuando están haciendo alguna labor casera como limpiar el pescado, fregar los cacharros, etc.

Nota: La fotografía que nos recuerda un histograma con mi patrón de consumo se corresponde con el Dedo de Deus-Teresópolis y podeis encontrar la fotografía original en flickr, perteneciendo la misma a Rodrigo Schneider

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Volviendo un poco a la tématica del blog de vinos asequibles a buen precio aquí vengo con esta pequeña entrega con dos interesantes vinos que he bebido esta semana. Comencemos con el blanco.

A. et P. de Villaine Bouzeron Aligoté 2006. Este vino me lo trajo el amigo SV de su viaje por la Borgoña y tiene un precio de unos 7€ allí. En Madrid lo podeis encontrar por unos pagables 14 € en La Fisna. La Aligoté es una uva de “mala fama” en la Borgoña, antiguamente había bastante más viñedo de esta variedad, pero se ha ido sustituyendo por la Chardonnay. Por lo general los vinos de Aligoté suelen ser vinos sencillos, bastante planos en nariz y sin muchas complicaciones que en Francia suelen acabar mezclados con jarabe de cassis para formar el popular kir. Los de Villaine han decidido esforzarse en elaborar un Aligoté digno en la localidad de Bouzeron, empleando las viñas mas calcáreas y en pendiente, como podemos ver en esta detallada entrada de SV. Si no me equivoco en anteriores añadas la palabra Aligoté venía en la etiqueta principal, ahora hay que irse a la contra-etiqueta para saber con qué variedad esta elaborado el vino. Y es que supongo que la mala fama de la uva será un lastre importante.

El vino se presenta con un color amarillo pajizo bastante pálido, algo tímido en nariz, donde se aprecian notas de bollería y mantequilla, al rato se va abriendo y sale una fruta bastante fresca, manzana verde y alguna punta cítrica de fondo. Deja algún destello floral y mucha mineralidad que se confirma en boca. Tremendamente calcáreo, con buena acidez y untuoso pero sin empalagar, me parece notar incluso alguna curiosa punta salina. Final muy correcto ligeramente amargoso y mineral. Me ha gustado mucho, por el precio que tiene ofrece muy buena calidad. Sin duda repetiré.

El tinto lo hemos tomado hoy mismo en los miércoles de catálisis, de los que hacía tiempo que no informaba. Se trata del Nita 2007 de Meritxell Pallejà, un vino del Priorat, sin paso por madera y que ya el año pasado me pareció bastante interesante. Es un coupage de Garnacha, Cariñena, Syrah y Cabernet Sauvignon, elaborados según procedimientos biodinámicas. Viene en una bonita botella y ofrece en la copa un color rojo picota granatoso de media capa y densa lágrima. Al vino no le viene mal un poco de aireación para abrir una nariz algo hermética al principio. Cuando comienza a mostrarse salen unas flores en primer plano que le dan mucha alegría, sobretodo lilas y violetas, por debajo hay una fruta roja bastante fresca, un poco de monte mediterráneo y algún recuerdo como a carne cruda con algo de pimienta por encima.

En boca muy agradable, un tanino dulce frutal, alcohol bien integrado y una acidez bastante buena lo convierten en un buen vino para acompañar la comida.

Repetiré. El precio no esta mal, teniendo en cuenta que es Priorat, (11.5€ en Lavinia) aunque para ser un vino joven quizás sea algo caro, en todo caso se mantiene “pagable” y es un vino bien disfrutable.

Cambiando de tema, he modificado un poco el aspecto visual del blog. Más o menos cumple un añito y tocaba un pequeño lavado de cara. El espacio para el texto siempre me ha parecido muy estrecho y Jose se dio cuenta de que había plantillas mas anchas, así que hemos decidido cambiarlo. Espero que os guste.

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Ha sido un fin de semana de muy buenos vinos en buena compañía que me va a dar material para escribir bastantes entradas en el blog, sobretodo el de la Peña El Sarmiento. Pero quiero comenzar con una fantástica cena en mi casa y en la grata compañía de Pedro Carroquino y Tuija, porque los vinos que bebimos, me parecieron sensacionales. Vinos que se apartan un tanto de las modas y que conservan un carácter y una personalidad propios y que acompañan a una cena de este tipo de maravilla. La comida la aportó Tuija, recién aterrizada de Finlandia y consistió en unos entrantes de pepinillos, huevas de salmón y smetana, una especie de queso fresco. Posteriormente comimos unas setas recién recolectadas en los bosques de Finlandia, parecidas a las chantarellas, pero con el sombrero oscuro. Y un salmón ahumado realmente delicioso, servido caliente y con unos aromas tostados a madera realmente curiosos. Despuesalgun chupito de vodka finés abrimos el primer vino de la noche, un Côtesdu Jura de Stéphane Tissot, de “Les argiles du Lias” 2006. El vino de un color pajizo bastante pálido comienza asustando un poco con notas de madera y mantequillosas, pero podemos calmarnos, poco a poco se suavizan y el vino comienza a abrirse, dando paso a una mineralidad bastante marcada en primer plano, algunas notas de flores blancas y una fruta de corte cítrico que refresca esa mantequillosidad del principio. En boca es ligeramente untoso, con muy buena acidez y de nuevo esa mineralidad bien marcada que queda en un final de buena presistencia. Muy rico y agradable de beber, un vino que en todo momento va a más y que creo que mejorará con algo de botella.
Pedro me había comentado que no conocía los Beaujolais, así que uno de los vinos que tenía bien claro abrir era algún Morgon de calidad, este de Marcel Lapierre fue el primero que me encontré al bajar a la bodega y me pareció un buen ejemplo, además quería ver como andaba el 2006, del que tengo mas botellas. Con su tipicomutitud de frutos rojos como fresas y frambuesas, algo de piruleta, pétalos de rosas, alguna nota metálica al fondo y bastante piedra. El vino ha ganado bastante intensidad desde la última vez que lo probé, mas maduro y ha sacado mas frambuesas, de momento no se ha cerrado. El paso por boca es sumamente agradable y elegante, con ligereza demuestra una muy buena acidez, un tanino suave, recuerdos frutales y un final bastante largo y mineral. Una delicia de vino que acompañó de maravilla a las setas y al salmón.
Llegaba el postre, unos “arándanos del pantano” congelados (y recogidos también cuando las temperaturas bajan de los 0ºC) en una sopa de tofe templada. Complicado postre, con una acidez marcada de los arándanos y el dulzor del caramelo. Pero lo de congelado me recordó al eiswein y para abajo que me fui a buscar una botellita del eiswein de Barzen 2004 que guardaba. Temía poder encontrarme un vino hermético y muy cerrado, pero no. Con un color amarillo bastante intenso y brillante se mostraba un vino muy expresivo, cargando una buena dosis de hidrocarburos en primer plano. Sorprendente para un vino con solo 4 años. También nos enseña una segunda capa de fruta madura como albaricoques combinada con notas cítricas de cáscara de naranja y pomelo. Las flores hacen su aparición al rato otorgando mas profundiad a la nariz junto con alguna nota mielosa. En boca es un disfrute, el vino se bebe de maravilla, el azúcar residualse color rojo frambuesa madura, de media capa. En nariz comienza algo cerrado, poco a poco asoman combina con una acidez que le da mucha frescura en boca, equilibrio sería la palabra. Buen final ligeramente amargoso y mineral. No te cansas de él. Se comportó muy bien con el complicado postre.
Lo dicho, tres vinos sin aspiraciones a ser los mejores vinos del mundo, pero que con su sencillez y su marcada personalidad, proporcionan grandes satisfacciones al alcance de todos los públicos (excepto el eiswein, aunque éste no tiene un precio exajerado para lo que es habitual en estos vinos).

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