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Archive for 24 24+00:00 noviembre 24+00:00 2008

En ocasiones querría volver a ser un niño, a un tiempo en el que el mundo era inocente o en el que quizá los inocentes eramos nosotros. Era un mundo en el que era sencillo distinguir a los buenos de los malos. Los malos eran los indios y los buenos siempre los vaqueros.

Volver a ser un niño para poder tener de nuevo esas miles de primeras veces. La primera vez que vi el mar. Eran las primeras horas de la mañana tras una larga noche de viaje. El sol provocaba incontables reflejos en esa enorme e hipnótica masa azul. No era consciente en mi absoluta inocencia de la magnitud real de aquella inmensidad. Todavía hoy recuerdo las sensaciones de aquella primera vez que vi el mar.

Volver a ser un niño y volver a leer por primera vez esos libros que te acompañaban al merendar. Ser uno más de Los Hijos del Capitán Grant, explorar 20.000 legüas en un viaje submarino, ser un correo del Zar como Miguel Strogoff, tan caballero como Ivanhoe y tan perdido como Robinson Crusoe. Noches en las que el sueño te encuentra escuchando el atormentado y cadencioso paso del Capitán Achab en la cubierta, mientras todos soñamos con encontrar a esa maldita ballena blanca. Una lista casi infinita de primeros libros y primeras aventuras literarias. Libros que nunca se olvidan.

Volver a ser un niño también desde un punto de vista enológico. Esos primeros vinos que consiguieron despertar en ti el interés, que estimularon algún resorte oculto escondido en tu cerebro. Desde esa niñez enológica sólo queda crecer, evolucionar, madurar. ¿Hacia dónde? Eso nunca se sabe. Hay miles de caminos a explorar, miles y miles de vinos a probar. Miles de vinos a beber.
Ese camino que cada uno hace como puede, como todo en la vida. Al principio todo es nuevo. Blancos, tintos, rosados, espumosos, generosos, dulces… toda una panoplia de colores, sabores, olores, formas de vinificación, uvas distintas, paises… ¿Paises? Sí, paises. Antes de llegar a meterte más en este mundo los límites del mundo conocido son Rioja, Ribera del Duero, oyes rumores de Jerez, Francia sólo significa Burdeos y Champagne; y Portugal, que hace Oporto. Y ya está, no existe nada más en el mundo que esos pequeños esbozos. Caminas, lees, bebes, aprendes y el mundo se hace cada vez más y más grande. Más paises, más zonas, más productores. Maravillosamente inabarcable como el mar de mi infancia.

Cuando todo es nuevo, todo te entusiasma; como a un niño pequeño ¿no creeis? Los vinos jóvenes, los que tienen más crianza, algunos grandes reservas tradicionales se cruzan en tu camino y los miras extrañado porque no sabes ni como mirarlos. Probar y probar, beber y beber. Aprender. Aprehender.
Sigo probando todo lo nuevo que puedo, pero con una base más firme que hace que estas pruebas sean mucho más controladas que en un principio. Ya no son pruebas alocadas sin orden ni concierto, si no que son pruebas dirigidas al aprendizaje. Zonas poco exploradas y sobre las que deseas aprender un poquito más, productores a los que quieres tomar la medida, variedades de uva en determinadas vinificaciones. Y entre tanta bebienda, como en la lectura, siempre le haces un hueco a los clásicos. Siempre hay que intentar hacer un hueco a esos vinos que son para ti un valor seguro y para los que siempre encuentras un momento de atención.

Todo esto daba vueltas por mi cabeza cuando un comentario de Miriam actuó como catalizador de estas ideas. ¿Cómo ha evolucionado mi gusto en estos años? Quizá se ha hecho más amplio. Al menos eso quiero pensar. Disfruto igualmente de vinos jóvenes, de vinos con mayor crianza y de vinos en diversas formas de elaboración. Sí es cierto que he aprendido a valorar lo increiblemente complejos que son los vinos blancos. Suelo decir que algunos vinos tintos han conseguido gustarme mucho, pero sólo algún vino blanco me ha conseguido enamorar.
La clave del vino que me gusta está en que intento valorar subjetivamente un vino en lo que es, en su entorno y en lo que pretende. No le pido lo mismo a un vino joven que a uno que haya sido elaborado de otra forma. No le pido lo mismo a unas uvas que a otras, a unos elaboradores que a otros y a unas zonas que a otras.
Puede parecer pretencioso que me cite a mi mismo, pero la vara de medir que se puede utilizar para mi gusto sigue siendo el post con el que me presenté.

Quiero pensar que mi gusto por el vino era en su inicio un enorme pegote de arcilla, que la bebienda ha ido esculpiendo para dar forma a lo que es actualmente. Sin despreciar ningún tipo de elaboración, si no viendola en lo que es y lo que pretende ser. Habrá que seguir bebiendo para seguir formando el gusto.

Aun así, en ocasiones, sigo echando de menos volver a ser un niño.

Nota: Este post ha sido escrito con alguna copa de uno de los vinos más potentes que he podido beber. Potencia esencial y, raro, me ha gustado: Château Bouscassé 2004. Ya os comentaré mis impresiones respecto a este vino en el próximo resumen mensual.

Créditos: La fotografía procede del site de Wili Hybrid en Flickr

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