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Archive for 26 enero 2009

No lo entiendo. De todas las disciplinas de conocimientos, campos del saber y cuestiones en las que los humanos repartimos nuestros momentos de ocio creo que el vino es en el único en el cuando alguien no está lo suficientemente versado, se disculpa. No lo entiendo.

Basta que en cualquier mesa alguien apunte tu interés hacia este mundo para que otros contertulios se disculpen con turbamiento y afectado sentimiento de culpa.
Hay personas a las que les gusta ver aterrizar aviones, ver pasar trenes, la horticultura, los jardines de inspiración Zen (und elf?), pintar, cantar, bailar, correr o cualquier tipo de deporte. Hacer puzles, punto de cruz, tocar instrumentos… Hay millones de actividades vinculadas al ocio, pero nadie se disculpa por no saber ni un ápice acerca de ellas, sin embargo sí se disculpan por no tener unas nociones acerca del vino. No lo entiendo.

Más alla de ser una actividad de ocio puede observarse como una cuestión razonablemente intelectual. ¿Se disculpa alguien por no saber lo suficiente de la dinastía de los Omeyas, filosofía presocrática o el Siglo de Oro? Bueno, en estos tiempos que nos ha tocado vivir lo que se observa es que la gente saca pecho exultante y orgullosa de su ignorancia supina, pero ese es otro tema. Quería decir que no por desconocer otros temas la gente (y yo me incluyo) se disculpa con azoramiento, sin embargo con respecto al vino la frase más habitual es algo como esto: “Bueno… yo no entiendo… me gusta sí y distingo lo que me gusta de lo que no, pero no entiendo”.

Pues yo no lo entiendo, de modo que perdonen las disculpas.

Ahora, unos vinos:

– José Michel Brut. AOC Champagne (18.9 EUR) L11 07
Porque lo merecemos. Porque lo necesitamos.
Decido comenzar el año quitándome el sabor ferruginoso del año anterior y comenzar bebiendo champagne no parece una mala forma.
Un champagne sencillo. Intensas notas de tahona, cáscaras de avellana y pomelo. Es un vino tan sencillo que es para bebértelo de dos en dos y tamaño magnum.

– Argile Rouge. Bouscassé. AOC Madiran (14,8 EUR)
Fruta roja madura en licor, con un deje ferroso y un ligero toque balsámico y suavemente herbáceo. De trago terroso. Me lo esperaba con más caracter.

Interrumpo la crónica vínica con uno de mis pensamientos paralelos (mantegamos la palabra cuadrisilábica, ¿sí?)
¿Cuándo ha ocurrido? Sí, ha ocurrido pero no sé cuando ha sucedido. ¿Cuándo se ha instalado la estulticia en nuestras vidas sin nuestro permiso pero con nuestra acomodada aquiescencia?
Este invierno está siendo durillo, pero más por la falta de costumbre que por otra cosa. Nos habiamos acostumbrado a inviernos que ni chicha, ni limoná y esta está siendo un invierno como Dios manda.
La cosa viene porque ahora resulta que cuando hace frío, llueve o nieva todos los gobiernos forales, autonómicos y nacionales nos dicen que nos abriguemos, que vayamos con cuidado, que pongamos las cadenas al coche, que… ¿¿ ??
Análogamente cuando llega agosto nos dicen que bebamos líquido, que nos pongamos a la sombra, que… ¿¿ ??
¡La madre que nos pa…! ¿Estamos todos tontos o qué? Milenios de involución y ahora nos tienen que volver a decir que en verano hace calor y en invierno frio. De pasmo oiga. Volvemos a la adquisición del conocimiento por observación de la naturaleza; ruleta rusa del tiempo con salto hacia atrás de 3000 años.
Espero no estropear ninguna primicia de político alguno, pero antes de que ellos lo digan ya lo digo yo: La tierra no es plana.
Lo dicho, tenemos la estupidez sentada a la mesa todos los días y la damos de comer.

En fin, que iba yo pensando estas cosas un día en que la nieve colapsó Madrid; adelantando a 40 Km/h por la autopista (¿?), con medio coche pisando nieve y la otra mitad pisando asfalto. Como quiera que no soy yo un Calleja de la vida, ni un Hakkinen al volante, mejor me refugié en carriles más tranquilos (los de 20 Km/h me refiero) para llegar a casa y cenar algo sensato. Hice un rápido sarmale de acelga, con relleno de arroz, champiñones y bacon; y para acompañarlo, el siguiente vino:

– Domain Chancelle, L’Epine 2007. Lydie et Thierry Chancelle. Appellation Saumur Contrôlée (8 EUR)
Qué Sauvignon Blanc tan distinto pensaba yo mientras bebía… ¡cómo que es Chenin Blanc! Bueno, un lio se lo hace cualquiera…
El caso es que en este vino encontramos junto a las flores blancas, un intenso olor a pradera por la mañana, una firmeza destacable y una acidez que no lo hace apto para todos los públicos. Se despide al beber con un ligero amargor que termina de darle una dimensión extra. Muy agradable este vino que compré a ciegas. Para repetir.

Esta botella se vino acompañada de esta otra:

– Domain Chancelle, Les Guillemonts 2007. Lydie et Thierry Chancelle. Appellation Saumur Champigny (10 EUR)
La griposa desgana de la dependiente me animó a comprar este vino. Vino sencillo, sin pretensiones, como un vino joven o maceración carbónica; fueron estos últimos los adjetivos que se le cayeron a la vendedora acerca del vino y a mis oidos le sonaron elogiosos, dado como está el patio.
Pues exactamente esto es. Un vino sencillo, con notas de fruta roja, caramelo ácido de fresa y violetas con un algo de aceituna negra. Ligeramente áspero en boca y con unas notas de raspón en segundo término que le hacen ser un vino muy agradable para esas cenas entre semana en las que no está uno para muchas florituras (más bien para ninguna). Me bebería otra botella para terminar de tomarle el pulso.

– Magnolia Blanco 2007. Jean Leon. DO Penedés (5.53 EUR)
No conocía este vino de Jean Leon, de modo que lo eché a la cesta cuando lo vi en la tienda y sin perder de vista, desde luego, que tenía un precio asumible.
Ha resultado un vino muy agradable. Ligero, floral, fresco. Flores blancas por la mañana, miel con limón y manzanilla. Un ligero toque de amargor que queda como recuerdo en cada trago. Ha sumado tres junto a unas habas con jamón.

– Domaine Brana Irouleguy Axeria. Appellation Irouléguy Contrôlée. (20,2 EUR)
Tanicidad y astringencia a manos llenas. De inicio el aroma es desagradable, algunos de los presentes lo definían como ketchup o salsa barbacoa. A mi me parecía algo peor, algo así como la expulsión de metano que tenemos a bien los humanos producir (pedo niño, he dicho pedo). Desde luego está mejor en boca. Con el paso del tiempo se va limando y ambos puntos se van encontrando poco a poco y con el paso de las horas va ganando presencia.
Mejor al día siguiente. En cualquier caso cuánta austeridad la suya. Seco y distante pero educado, como un caballero desconocido. Es un vino que exige comida contundente. Lo primero que me viene a la cabeza es un botillo berciano.

– Nuviana 2007. Bodegas Nuviana. Valle del Cinca (2.42 EUR)
Vino para menú del día. Si hubiera este tipo de vinos como vino de la casa algo se ganaría en el consumo. Es un vino muy sencillo y no te da ni un poquito más de lo que pagas. Te lo puedes beber tranquilamente con el condumio diario, tampoco creo que les desagrade a los que toman el vino con casera o hacen sangría. Vaya, es un vino barato que sabe como tal.
Esto no es esencialmente malo, máxime si no te asusta demasiado la contraetiqueta en la que reza cosas como ‘aromas/sabores a coco y tostados’. Asusta lo suyo, pero luego no es tan fiero el león.

– Blanco Nieva Sauvignon Blanc 2007. Viñedos del Nieva. DO Rueda (5.02 EUR)
Otro viernes más en el que soy el vivo retrato del conejito de ‘Alicia en el País de las Maravillas‘. Lo más rápido que soy capaz de cocinar algo que me atempere y sea razonablemente sano es una menestra de verdura de las de bote; vamos a darle un toquecillo personal para no aburrirnos demasiado con un poco de cebolla rehogada, dos toques de comino, un buenos días de pimentón dulce y un sayonara de curry suave. Añadir caldo de verdura y en 15-20 minutos vuelves a ser medio persona.
Le ha tocado a este vino, mira tú, acompañar la comida express. Sigue en buena forma. Pleno de viveza y acidez, incluso me parece que sigue teniendo un ligerísimo toque de carbónico. Siguen en primer plano el maracuyá y notas herbáceas. Muy recomendable.

Punto y aparte. Otra reflexión.
Si cocinar es un acto de amor el cocinar canelones es un acto de devoción. No lo dudes, si alguien cocina canelones para vosotros, sin ser un profesional o tener la técnica depurada por años de práctica, es que os quiere aunque sea un poquito.
Escoger los ingredientes, prepararlos, cocer la pasta del modo adecuado; suficientemente cocida para que no quede cruda, pero firme en modo suficiente para formar el canelón. Rellenar, bechamel, rallar el queso… ¡Con lo sencilla que es la lasaña! con sus capitas unas detrás de otra, pim-pam-pum y listo. Venga, que no ha sido ná. Ya están los canelones en el horno… pero tengo más hambre que el perro del afilador. Parafraseando absolutamente a un cocinero me viene una idea al sombrero que es tan buena que no parece mía. Mientras se terminan de hornear los canelones hago una crema de calabaza y a fuego fuerte marco unas lonchas de papada (son los ingredientes que los rellenan). Tuesto pan, cucharada de crema de calabaza, sobre este la carne y un toquecillo de sal. ¡Ñam!
Para esta tapa improvisada y los posteriores canelones he abierto el siguiente vino:

– Gran Coronas Reserva 2004. Miguel Torres, S.A. DO Penedés (10.54 EUR)
Este es un vino que suele pasar desapercibido en los anaqueles. Bien es cierto que la etiqueta no ayuda pues no hay nada en ella que te pueda resultar atrayente. ¿Cómo llegué a esta botella? En un hilo de Verema se comentaba que posiblemente Torres es una bodega infravolarada. Independientemente del transcurso de aquella conversación la opinión, acerca de este vino, del forero que inició el hilo me pareció suficientemente fundamentada como para buscar una botella y probarlo.
Hecho. Descorchada y probada. En efecto es un vino que está muy rico. En este momento está en una fase en la que se funden las notas de guindas en licor con otras de tabaco, cueros. Todo ello moviéndose de forma ligera y viva. Sabroso.
El coupage es mayoritario de Cabernet Sauvignon y es un hecho suficiente como para que me esperase un vino denso y oscuro, sin embargo se encuentra lejos de ello a todos los niveles. Este es un vino ligero, siendo esto una cualidad que observo positiva e idónea para acompañar la comida. Intentaré observar su evolución en el tiempo.
Ha acompañado muy bien los canelones y me ha parecido un vino excelente para la mesa. Fin primero y último del vino.

Retomamos la entrega mensual de “¿Alguien sabe cómo sobrevivimos a los ’80?” con un nuevo vídeo. ¿Cómo decirlo? Por favor, aquellos que tengais el alma sensible, no lo veais. Si sois fácilmente impresionables, no lo veais. Y sobretodo: Niños, no hagais esto en casa ni siquiera en presencia de un adulto.
¡Calofrús!

P.S. La imagen proviene del espacio de Getsuruito en Flickr. Posiblemente alguien se pregunte qué significa esta imagen, sencillamente el título del post no deja de recordarme la frase: “Disculpe usted el equívoco. – dijo el pato bajándose de la gallina – “

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Me parece estar oyendo al Capitán Brannigan al caer en la web de Slurpswish. Si es que nos ponemos a despojar de parafernalia el mundo del vino, te lias, te lias… y te quedas con lo justito: Personita, copa y vino ¡Pa’qué más!

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