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Archive for 29 enero 2010

Todo está en calma. Me gusta levantarme antes de que amanezca. Tomar el primer café mirando por la ventana en esos instantes antes de que rompa el día. Ese momento que no se puede atrapar de modo alguno, pues apenas dura lo que tardas en darte cuenta de que se ha vuelto a escapar.

Hace frío hoy y le cuesta despertar al día. Duermes, con la tranquilidad de quien siente que nada le dañará. Está todo en silencio. Sólo se escucha tu silencio y tus latidos. Se escuchan tus sueños. Silencios. Latidos. Sueños. Me gusta contemplar ese momento en que despiertas, como el día; ese momento que se escurre entre los dedos. Un instante y se va; y entonces llegas tú. Más silencios. Más latidos.

Te desperezas y miras como un gato que se muestra ausente al ver la chimenea recién encendida; como el gorrión curioso que en este invierno frío no sabe bien cómo comenzar el día. Despiertas y en tu mirada el mar en tormenta que siempre está ahí sin tú saberlo.

Amanece cuando amaneces.

No hay nada mejor que la primera taza de café del día; nada, excepto esta segunda taza contigo.

Sí, definitivamente hoy, para almorzar, cocinaré el plato que me imaginaste, sin saberte protagonista. Hambre de tu hambre y de tu hambre, comer; con tu sonrisa, sonreir y con Neruda… con Neruda siempre llorar. Añoranza de lo que se tiene. Todo y echar de menos. Añoranza de lo ausente. Nada y echar de menos.

Voy calentando el horno; hará falta. Con mimo, siempre, corto unas tiras de salmón marinado de un grosor y longitud razonable; la que nos diga el sentido común para que, como los besos, apetezca más después del último.

Vamos ahora con el salmón fresco. Desnudo de piel y espinas cortamos unas tiras de lomo del doble del tamaño que las anteriores. Tampoco nos preocupemos por la exactitud en la medida, que si te apetece más de uno que de otro se invierten los términos. Sin sentirnos esclavos de medida alguna. Sin sentirnos esclavos de nada, ni de nadie, pues en la vida no hay guión. Que comemos para sentirnos bien, para compartir plato, para compartir el mismo aire. Que si no es así, ni hambre tengo y almorzar no es almorzar, es sólo alimentarse. O sea, nada.

En la plancha, bien caliente, les doy una vuelta. ¿Cuánto tiempo? El que tú me digas. El que a ti te guste. Ese punto justo en el que está hecho y se mantiene jugoso; que salen láminas como jirones de niebla. Ese punto en el que te acaricia los sentidos cuando el tenedor apenas roza tus labios. Ese punto en el que tu rostro lo dice todo.

En el horno introduje un par de piezas de Crottin de Chavignol. El tiempo y temperatura justa para que se templen, no más. Ambos sabemos que, las más de las veces, la calidez es más importante que el calor. Y mientras toman esa temperatura que queremos, aliño unas hojas de lechugas con aceite de oliva para que las haga más apetecibles.

Montemos ahora el plato como quien hace la cama; tiene algo de ritual, de suave y calmo. Cada elemento encuentra su sitio. Las hojas de lechuga en el centro del plato, por parejas los salmones y sobre las hojas, finalmente, el Crottin que hemos templado.

Zumo de naranja, quizá otra taza de café… y vino. En las copas sonrisas y un riesling alsaciano de Domaine Schoffit. Botellas que se abren, círculos que se cierran.

Almuerzo, vino, tú. Silencios, latidos. Nada más.

Nota: Otoño en Madrid, proveniente del blog De Madrid al cielo. La foto pertenece a Javier Martínez Avedillo

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No será la primera vez que diga que los vinos de Borgoña se cuentan entre mis preferidos, sobretodo en tintos. La Pinot Noir de esta región francesa produce el estilo de vinos que mas se ajusta a mis gustos personales. El problema… el precio. No debo de ser la única persona con estos gustos y la demanda, junto a muchos años de tradición vinícola, provoca que los precios no sean exactamente comedidos como para favorecer su consumo diario, sobretodo para mi maltrecha economía. Esto quizás sea especialmente cierto en un país como España, donde por un lado, resulta fácil encontrar una buena cantidad de vinos nacionales de menos de 10€ con una calidad mas que aceptable. Y por otro lado, los importadores nacionales, o bien se limitan a una serie de productores de renombre o bien se concentran en las cuvées mas prestigiosas de las bodegas, olvidando los vinos básicos genéricos. De forma que se hace complicado encontrar vinos de esta región por menos de 20 €. Por suerte entre Alemania/Holanda, el panorama cambia bastante y el vino “barato” no está tan menospreciado como en España, así que he podido disfrutar ultimamente de algunos vinos interesantes.

Drouhin Bourgogne Pinot Noir 2007. Rojo picota de media capa. Comienza algo animal el primer día, dando aromas cárnicos-ahumados en primer plano, con algo de flores secas y sotobosque de fondo. Al abrirse sale fruta fresca tirando a cerezas y frambuesas y un fondo levemente especiado. Frescura en boca, tanino suave, leve amargosidad y una ligera terrosidad agradable en el final. Muy rico y de trago fácil, acompañó igual de bien a una tortilla de jamón sobre pan con tomate, que a una ensalada. Versátil y muy correcto para costar sobre los 8€. Repetiré.

Drouhin Laforet Chardonnay 2007. En este caso otro blanco de chardonnay báscio, similar al recientemente comentado en un anterior post, pero incluso algo mas barato (7.80€). El vino resulta menos mantequilloso que aquel y en este caso la fruta es algo menos cítrica, mas tirando a piña y asoman claros aromas de almendras. Jugoso en boca, redondo pero con una acidez mas que correcta. Excelente vino de introducción a esta variedad. El mismo día que comí con este vino, luego en una fiesta me toco sufrir un vino de la misma variedad pero de Navarra, que luego averigué que cuesta mas o menos lo mismo. En fin, sin comentarios.

Pierre Bourée Bourgogne 2006. Ya nada mas servirlo en la copa se advierte por el tono y la capa que nos encontramos ante un vino de estilo muy clásico. Nariz con fruta roja fresca, cerezas sobretodo. Especias y suaves aromas que recuerdan a la crianza en una barrica no muy nueva, y leves dejes florales completan la nariz. En boca fresco, con un tanino suave y equilibrado por la buena acidez, lo convierten de nuevo en un buen compañero de la comida. En navidades lo tomamos con unos canelones y de maravilla. Un amigo me comentaba en Facebook que lo había tomado igual de exitosamente con un cocido. No se lo pierdan, esto es un valor seguro. Lo trae a España Bodegas Aldonia y si no me equivoco en Madrid se puede encontrar en La Fisna.

Nicolas Potel Volnay Vielles Vignes 2006. Aprovechando una oferta pille este village de negociant a unos 17€. Se nota que en este caso estamos hablando ya de un escalón superior, en cuanto a calidad, ya que este es un village, de esa preciosa villa vinícolamente hablando que es Volnay. Mientras que los vinos anteriores, se encuentran bastante asequibles y listos para el consumo, en este caso no vendría nada mal algo mas de guarda. Al principio estaba muy cerrado, costó que asomara esa fruta roja, algo golosa, en combinación con una buena carga floral de lilas y violetas. Un puntito vegetal en forma de hojarrasca al fondo y una buena carga mineral. Tostados sutiles nada molestos. En boca muy buena acidez, tanino bastante presente, el vino pide algo de guarda para armonizar esta boca. En todo caso rico y agradable.

Meo Camuzet Bourgogne 2001. Encontré unas cuantas botellas de este vino a unos 18€ y pensé que estaría en buen momento de consumo. Y vaya que si. Rico, fresco, con una nariz expersiva, no excesivamente compleja, pero muy agradable, frutal y sobretodo mineral, mas terroso que los vinos anteriores. En boca muy equilibrado y agradable. Hace poco bebí el mismo vino, pero del 2005 y no se puede decir que este esté nada agotado. La principal diferencia que encontré, es que aquel 2005 mostraba una fruta quizás algo mas madura y el tanino estaba mas presente. Muy bueno.

Y próximamente en este blog… Chenin, Cabenet Franc, Sauvignon Blanc y Melon de Bourgogne! Adivinan la región? Si el Valle del Loira me espera, visitaremos el Salon des vins de Loire, La Rennasaince des AOC y por supuesto unas cuantas viñas y bodegas. Espero poder relatar las aventuras a mi regreso.

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Apenas encuentro tiempo para ponerme con la última entrega del viaje al Mosela, así que para no tener del todo abandonado el blog, aquí os dejo una pequeña entrada con comentarios sobre los vinos consumidos últimamente.

Comienzo con algunos vinos “de diario”, de los que hace tiempo no hablo. Zantho St. Laurent 2007, Burgerland (13%), vino elaborado con una variedad que resiste tan solo en Austria y la República Checa (St. Laurent), aunque parece ser originaria de Alemania y emparentada con la Pinot Noir.  El vino se muestra el primer día con una importante carga de fruta negra intensa en nariz y algún tono ahumado y de flores secas, con una acidez casi agresiva en boca. El segundo día mucho mas discreto en nariz, carne ahumada, mientras que en boca ha mejorado bastante, mas amable, tanino suave, ligero y con la acidez mas comedida, el final es algo amargoso y vegetal. Como curiosidad por 6€, no esta mal, pero no repetiré. Como curiosidad, viene con tapón de cristal.

Blanco Nieva Verdejo 2008, Rueda. Si, ya he encontrado donde abastecerme de los vinos de Pepe, a 7’90€ este verdejo, parece que los importadores de por aquí no meten el mismo palo que le meten en España a los vinos alemanes. Este 2008 esta exuberante en nariz, con notas de manzana, hierba cortada, canto rodado y algún deje tropical de fondo. En boca frescura y viveza marca de la casa, buena acidez y un final mineral. No cansa. Bien Pepe, muy bien.

Liante 2007, Salice Salentino. Vino de Negroamaro y Malvasia Nera de la zona de Puglia. Oscuro y amoratado en el color, fruta negra madura (no sobremadura), un punto ahumado y un fondo terroso agradable. Redondito en boca, correcta acidez y alcohol bien integrado. Se bebe de forma agradable y acompaña bastante bien a un plato de pasta. Correcto en su precio (9€).

Cingles Blaus, Octubre 2007, Montsant. Rojo amoratado, capa media alta. Frutos del bosque en nariz, algo láctico, alguna punta vegetal y pimienta negra. En boca goloso, acidez correcta y tanino completamente ausente. Un vino que se bebe fácil, no ofende, pero que podría ser de cualquier sitio y al final termina aburriendo. No repetiré. 7€.

A. Christmann Pfalz Riesling 2007. Magnífico vino. Ya van unas cuantas botellas y no me canso de él. La nariz es intensa, cítrica, pomelo maduro, algo de anis y mucho mineral. Gran acidez en boca, pide algo mas de botella, pero ya esta tan rico que cuesta mantenerlas sin descorchar. La fruta citrica, untosidad y un punto de azúcar residual (aunque trocken) casi necesario para equilibrar, largo y mineral en el final. No es excesivamente complejo, pero por los 9€ que cuesta, cumple sobradamente su misión. Todavía me quedan mas botellas. Mi vino del año 2009.

Domaine des Tours 2005, Vin de Pays de Vaucluse (12.5%). Rico vino básico de E. Reynaud, que se presenta con un rojo de media capa, nariz de frutos rojos, aceituna negra, especiado, cárnico y bastante rústico. Lo he compartido con compañeros del trabajo, a los que tanta rusticidad molestó un poco. A mi personalmente me gusta. En boca esta pulido y carnoso, con muy buena acidez y con esa fruta roja fresca y jugosa, combinada con una suave amargosidad. Rico y buen compañero de las cenas. A unos 9€, ya han caído varias botellas.

Joseph Drouhin Bourgogne Blanc 2008. Básico del confiable negociant por algo menos de 10€, merecía la pena probarlo. Amarillo pajizo brillante. Fresca nariz, aromas citricos y de fruta blanca, suaves tonos de mantequilla y acacia. Rico en boca, untoso, con acidez y nervio, sin muchas complicaciones para acompañar una comida y disfrutar tranquilamente de él. Repetiré y habrá que ver que tal el tinto.

Y ahora dos cositas que me bebí con un par de compañeros de la Peña El Sarmiento en Lavinia justo antes de que metiesen en el avión camino a Valencia.

Clos des Corvées 1999, Priurée Roch, Nuits-Saint-Georges. No es la primera vez que bebemos este 1er Cru (Monopole de la bodega), pero buscando alguna botella para disfrutar de la tarde cuando David propuso esta, el resto dijimos que si inmediatamente. El color es el habitual de los vinos de esta bodega en la época Pacatet, rojo cereza de media capa, algo turbio… pero, ¿a quien le importa el color cuando el vino esta tan bueno? Nada mas abrir aparece algo animal, ligeramente suciote y reducido, pero rápidamente en la copa se va abriendo para mostrar una fruta roja intensa y fresca, flores, hojarrasca, especias tierra negra, muy complejo y agrdadable. En boca está magnífico, fresco, con un tanino suave, una acidez que otorga gran viveza al vino, frutal y largo en el final. De los que deberían ir siempre en magnum como mínimo porque se hacen cortos.

Nos quedamos con ganas de mas y entonces apareció David con una botella que había encontrado en la tienda de Domaine de Trevallon 1996. Tenía ganas de probar este vino de Provenza basado en la cabernet sauvignon y la syrah, así que un primer encuentro con una botella ya con 13 años parecía una buena oportunidad. Precioso color rojo intenso y brillante, clareando ligeramente en el ribete. Como he dicho antes, no es que me importen mucho los colores, pero este era realmente bonito. En nariz comenzó algo tímido y he de decir que no me terminaba de convencer al principio. La fruta se mostraba madura, casi pasificada, muchos higos, tengo aqui anotado, aunque en boca mostraba hechuras de vino serio, con buena acidez y profundidad. Con aireación el vino creció mucho (deberíamos haberle metido un ligero decantado). Sale una fruta mucho mas fresca, siempre tirando a negra y comienzan a asomar las especias para dar complejidad, algo de aceituna negra junto con notas de monte bajo,  dejan claras pistas sobre la procedencia del vino. En boca esta en su punto, gran equilibrio entre los taninos y la acidez, largo en el final, invita a repetir. Disfrutamos bastante de este vino maduro por unos 30€, sin duda muy recomendable.

Y acabo con dos comentarios escuetos sobre dos vinos que tomé en Enópata en Valencia. Uno fue L’Arbossar de Terroir al Límit. Agradablemente sorprendido por este vino. Había escuchado buenas cosas sobre la bodega y al tenerlo en la copa se han confirmado. Un vino elegante, con un poco de todo en su justa medida. Un vino de los que no gritan y que muestra una nueva forma de interpretar el Priorat, huyendo de sobremaduraciones, de alcoholes excesivos o de asfixiantes tratamientos maderísticos. Tengo ganas de beber una botella en una comida para confirmar las sensaciones que me transmitió en la copa. Gran calidad. Anoche estaba tomando una copa del Hermitage de J-L Chave 2005 y he de decir que me recordó a este vino bastante. Después del Priorat, tomamos un Clos des Mouches de Drouhin 2005, que he de reconocer me decepcionó un poco. Puede que esté algo cerrado ahora mismo y que haya que esperarle, pero en nariz se mostró muy maduro, mas que el Priorat, casi rozando las tipicas notas de la fruta licorosa tan presente en muchas notas de cata de vinos españoles. La boca si que mostraba buen potencial, pero no se… con esa nariz ahora mismo si apostaría por este vino, aun a pesar de la confianza que le tengo a Drouhin.

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Madrid no existe.

Madrid, como París, es un decorado para turistas o quizá una franquicia de sí mismo; pero Madrid, no existe.
Tendremos que admitir que Madrid, mal que nos pese y por mucho título de villa que porte, nunca ha sido más que un pueblo grande. Un pueblo tendido y extendido, como un top-manta de casas, pero pueblo al fin y al cabo. Un pueblo con pretensión de ciudad. Pues este pueblo que dábamos en llamar Madrid, ya no existe.
 
Un sencillo paseo nos permite comprobar como ya apenas quedan cafeterías. Esas en las que entrabas y unos siempre correctos camareros, de camisa blanca y chaleco negro, sin olvidar la pajarita, te saludaban  y para los que el verte aterido (más bien arrecío) de frío les bastaba para interpretar tu gesto con los dedos, simulando una tijera, para saber que querías un café cortado. El azúcar en terrones ¡cómo lo echo de menos!

La cafetería que no ha cerrado es ahora una franquicia. En unas y otras siempre lo mismo y una uniformidad y servicio que no te permite distinguir si estás en una cafetería, en Zara o en Spejo’s. Y el café, trístemente, tampoco te permite dilucidar si te encuentras en Zara o en Spejo’s, para qué engañarnos.

Ya no hay tiendas de ultramarinos. Tiendas que cuando eramos niños suponían la universalidad inabarcable de una despensa que no acertábamos a comprender. En algunas el cartel rezaba así, ‘Ultramarinos’, en otras un promisorio y extensísimo, por lo conceptual, ‘Alimentación’.  Han sido sustituidas por tiendas de “Todo a 1 euro”. Tiendas de último minuto; tiendas para urgencias que nunca lo fueron.

Las panaderías… sigh… Tras las explosión ochentera de “Boutiques del Pan”, el encontrar pan en Madrid es misión imposible, pero también lo es encontrar panaderías. Si en algún lugar leo un cartel en el que se anuncia una ‘Tahona’ y el olor acompaña, es cosa de entrar como si fuera suelo sagrado.

¿Cines? Han desaparecido. Se han transformado en franquicias de tiendas de ropa, ¿de qué cadena? ¿acaso importa? ¿hay diferencias? Lo que no hay son cines. La sesión continua parece algo tan lejano como La Guerra Fría y Naranjito.

Todo Madrid parece una enorme franquicia, de sabor, olor y existencia plastificada. Sencillamente esta ciudad, esta villa, este pueblo, es una enorme franquicia.

N.B. : Post escrito tras horas de caminar bajo la lluvia en una villa, pueblo o ciudad que ya no es y con una copa de Vin de Pays des Gaules 2008 , que resulta ser un tinto encantador. Morgon, gamay, sencillo y franco, del que más y mejores detalles podeis leer en el blog de Joan. Ahí donde encontraba una tarta helada de fresas en otros familiares suyos, en este encuentro un pastelito de idem. Más pequeño, más rústico y más pastelería de barrio, pero encantador. 

 

Nota: La imágen proviene de el blog de Leo Borj

 

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Y me siento, junto al balcón, mientras apuro la copa; y me siento, mientras me sirvo otra copa de este palo cortado del que siempre querré más. Y bebo otro sorbo de este vino que, de intenso, te bebe y te llora por dentro.
 
Me siento, como cada día, con los ojos cerrados, por verte pasar. Me siento y me pregunto si esa luna que yo veo es la misma que ves tú. Sorbo tras sorbo, bebo. Sentado, en esta noche sin luna, esperando que pases tú.
 
Y que como cada noche enciendo las velas y enciendo las copas para que mi alma sepa volver. Mientras siga lloviendo y siga sintiendo frío beberé otra copa; con los ojos cerrados, para volverte a ver.

Invierno que invoca al vino. Vino que todo lo evoca.

Nota: Imágen de la obra ‘In thoughts of you’ de Jack Vettriano proveniente de http://www.allposters.com 

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