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Archive for 25 marzo 2012

– Ha pasado tiempo… Mucho…
– Sí…

Contesto, escondiendo toda mi timidez tras apenas dos letras.

– ¿Cuánto hace?
– No sé, no lo recuerdo… Mucho…

Miento. Sí lo sé. El olvido nunca fue opción.

Y entre el bullicio guardamos silencio. No te miro, no me miras; y nos miramos. No te hablo, no me hablas; nos hablamos. Callamos.

Y como entonces, en silencio, volver a cocinarte para volver a tu mirada.

Ausente me doy cuenta de que son los morteros como un amor, pues a poquito que lo cuides durará toda una vida. En el mortero granos de coriandro y cardamomo, que en breve acompañarán a la cebolla y ajo que ya se están rehogando tranquilos en la cacerola. Mientras, en otro recipiente, estamos preparando un caramelo suave con azúcar moreno, al que le añadimos unos bastones de berenjena escaldada y una mezcla que también ha conocido el mortero: Ajo, anchoa, tomate, cayena y vinagre de Jerez. Con esto preparamos una sabrosa mermelada de berenjena, que no es dulce, no es picante, no es ácida, si no una deliciosa suma de sabores.

A esa cacerola, en la que se rehogaba la cebolla y el ajo, le añadimos las especias, junto a una pizca de cúrcuma y otra de curry. Que cojan calor, sin quemarse, para que inunden la estancia de olores y promesas a nuestro paladar. Añadimos entonces el perfumado arroz basmati, que apenas cubriremos de agua y cocinaremos unos minutos a cacerola tapada. Este perfumado y sabroso arroz se hará mientras terminamos los demás intervenientes.

Doramos apenas un diente de ajo fileteado de igual modo que el jengibre fresco y todo junto se lo añadiremos a la berenjena que estamos confitando; y cuando veamos que a esta apenas le queda líquido, añadimos un toque de vinagre de sidra y otro de salsa de soja. Mezclamos bien para que se unan toda esa cantidad de sabores y olores, a los que añadimos unos garbanzos cocidos previamente y entonces ya sólo nos quedará ocuparnos de mantener caliente el conjunto el tiempo justo que necesita el arroz para estar hecho.

Parece largo, para complicado, parece raro. No es nada de eso, es algo sencillamente delicioso. El arroz, la berenjena con los garbanzos y una cucharadita de yogur griego sobre todo ello.

Lo pruebas y estos nuevos sabores traen nuevas palabras a tus labios.

– ¿Cómo va todo? ¿Qué hiciste todo este tiempo?
– Nada en particular…

Vuelvo a mentir.  Eché de menos cocinarte; leer mi presente en las líneas de tus manos. Echarte de menos a cada momento, como quien añora el olor de las sardinas asadas en un mes de enero. Echarte de menos como a este arroz con especias por las que hubo mil guerras y mares desconocidos que cruzar antes de encontrarlas; antes de encontrarnos.

Beber un vino que es como una vida. Un vino que es dulzor, amargura, acidez, equilibrio y aristas. Botella de Burklin-Wolf Ruppertsberger que nos sacude una vida polvorienta; una copa que es nuestra compañía entre la multitud. Sé que ahora sabes que este plato y este vino son lo que he estado haciendo todo este tiempo; que este plato y este vino pronuncian quedos tu nombre.

Nota 1: Imagen proveniente del blog Adicta a cruzar en rojo.
Nota 2: La receta explicada de mejor manera la podéis encontrar en el blog de ‘El Comidista’, que es donde yo me crucé con ella.

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