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Archive for the ‘Piron’ Category

Deshojada, como una margarita, la realidad, la verdad, el cadadía, no nos queda más que lo esencial. Sin lo superfluo, sin corazas ni caparazones, sin nada en qué escondernos, no queda más que lo que somos. Entonces nos damos cuenta, con cada respiración, qué es lo que importa, qué es lo que nos hace felices y es cuando vemos que con cualquier cosilla somos felices.

¿Yo? ya lo sabes. Con cualquier cosilla soy feliz. No te rías… bueno sí, ríete. Me encanta verte reir. Me llevó una vida encontrarte. Una vida entera cociné en tus palabras. Una vida entera cociné en tus miradas. Sí, con cualquier cosilla soy feliz. Dentro de muchos años mirar juntos hacia atrás y poder decir que te cociné una vida entera. Que mi pasión por cocinar no es si no pasión por cocinarte la vida entera. Mi pasión por el vino no es si no por compartirlo contigo la vida entera.

Picaremos la cebolla, ajo, pimiento, calabacín, berenjena, tomate y membrillo para hacerlos con tranquilidad, dejando que se cocinen al amor de la lumbre; todo el tiempo del mundo hasta que sean una mermelada fundente, suave y dulce. Alboronía. Saborearla me hace sonreir como cuando pronuncio tu nombre; me transmite la paz y el equilbirio que siempre falta. Esa sensación, ese sentimiento, de que cada pieza está en su sitio. Porque con cualquier cosilla, se puede ser feliz. ¿Te lo había dicho ya?

Sobre una tostada de pan repartimos cucharadas generosas de este plato que acabamos de cocinar y, sobre este, un huevo escalfado, apenas cocinado, para que cuando lo mordamos, mordamos el atardecer, el dulzor. Sabor concentrado y puro de un sol que se pone. Y tras cada bocado beberemos, porque los besos se pueden beber. Bebamos la vida a sorbos, a tragos, a besos. Otra copa de vino tan suave y aterciopelado que te hace recordar el más dulce de los besos. Aquel primer beso olvidado.


Nota: Imagen proveniente de www.unjubilado.info

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He recordado durante estos días esas letras que aparecen en la parte derecha del blog. Eso de la silicona, el botox y los vinos maquillados. Vinos anodinos y cortados por el mismo patrón. Bebía un par de vinos y me tropecé con este vídeo:

Me ha traido a la mente esos vinos de pretendida complejidad de ocho acordes; que lo son independientemente de su origen, del intérprete, de si son rock, pop, clásicos o folk. Frente a estos aun nos quedan vinos con carácter, que se muestran como son y sólo como podían ser.
Hoy estoy hablando de Dönnhoff Riesling Trocken 2006 y de Domaine Piron et Lafont. Chenas Quartz 2004. El primero es el vino básico que conceptualmente, y desde mi punto de vista de bebedor, todo elaborador debiera tener en la cabeza. El segundo es un vino que en este momento muestra un fuerte carácter, que puede gustar o no, pero es su carácter. Ambos tienen más de ocho acordes.

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Planteamiento:
Como ya sabéis durante este mes he estado arrostrando una gripe bastante persistente, la cual me ha dejado, como herencia, algunos problemas respiratorios que hacen que mi vida normal, incluido el vino, se esté viendo algo trastocada. Con esta base me temo que el post de este mes habrá de ser algo distinto de lo habitual.

Voy a comenzar, esta vez, con los vinos que he bebido. Son apenas un par de botellas consumidas en el “periodo intermedicinal”:

– Piron Morgon “Cote du Py” 2005. Morgon Appellation Contrôlée (9 EUR en bodega)
Tras el primer acto de esta gripe, que ha resultado ser más fuerte de lo que la vírica sensatez recomienda, me apetecía beber un vino. Así, sencillo. Un vino sin más, sin pretensiones suyas ni mias. Este me parecía el ideal y lo fue para un momento en el que la falta de fe en el vino era más que considerable.
Rústico en todas sus facetas. Frutas rojas machacadas con una piedra de río en un mediodía cálido. Hierbas provenzales. Herbáceo, animal. Más vino de granja que de garage. Vino para recuperar la fe en el vino. Ha acompañado muy bien una carbonada flamenca.

– Domaine de Chassornay. Bigotes. AOC Bourgogne. (24 EUR)
Antes de que la campanilla avisara de que comenzaba el segundo acto abrí esta botella.
Hierba y ligero amargor verdejiano, pomelo y líquido de fruta en almibar con un toque de tiza y otro toque de whisky. Todo ello en una estructura oleosa, burbujoide quizá.
No es que no sea agradable de beber, porque sí lo es, pero tampoco es gran cosa. Me ha parecido corto para lo que esperaba y para su precio.
Ha acompañado sin más un filete de atún a la plancha con pencas de acelga rebozadas.

Nudo
Ya habéis visto lo escueto que ha sido este mes desde el punto de vista de la ingesta de vino. ¿De qué os voy a hablar hoy? Pues veamos.

De forma recurrente me preguntan el porqué soy tan escéptico e insistentemente crítico con el uso de la madera (nueva) en el vino. Generalmente la pregunta me la hacen personas ajenas a la enochaladura que nos corroe por aquí; digo esto para explicar el que la pregunta viene motivada por la extrañeza y la curiosidad. Suelen decirme que hablo de ello como si fuera algo malo o algo que estropea el vino. Intentaré explicarme.

No considero que el uso de la madera, ya sea en la fermentación o en la crianza de un vino, sea algo negativo. Lo amplío además a que no considero negativo que esta madera sea nueva o usada, tenga tostado bajo/mediano/alto (o como sea que se clasifiquen, que yo no me dedico a esto), análogamente no considero negativo que el tamaño de estos receptáculos sea el habitual bordelés, grandes fudres o más pequeños. De manera análoga opino lo mismo cuando los receptáculos son cemento, inox, etc.

Lo que sí considero negativo es la homogeinización y la implantación de una única forma de hacer las cosas. Considero negativo el que se acepte esa forma de vinificar, de maderas nuevas y tostados altos, como la única correcta y capaz de dar lugar a vinos destacables.
Hay lugares en los que, en efecto, esa forma de hacer las cosas da excelentes resultados, pero no todos los lugares son iguales. Las horas de insolación son distintas, los suelos son distintos, los climas son distintos y por supuesto las variedades son distintas (vale, esta última frase tiene también tela que cortar, pero intentemos aceptarla como válida para el tema que hoy nos ocupa). Parece razonable pensar que ante tal diversidad de factores no exista una forma única de elaborar ¿no creeis?

Como antes he indicado la razón por la cual suelo criticar ese tipo de vinos, en los que la madera es tan insultantemente notable, es porque parece que en los últimos años los vinos así realizados son lo más de lo más. Creedme que si la tendencia fuera la contraria y los vinos realizados de otro modo fueran tan lamentables como estos otros, que sólo muestran su noble ascendencia maderera, también lo diría.
Podemos hacer un ejercicio de paralelismo por el cual un vino no es necesariamente bueno por el hecho de tener en su etiqueta unas letras que rezan que es “Gran Reserva” o aquellos vinos en los que (traducido) indican “Gran Vino de Burdeos”. Hay vinos buenos y vinos malos (y regulares, sí), pero no nos engañemos, ni nos dejemos engañar, ya que el hecho de emplear las mejores y más novísimas maderas nuevas con el más esmerado de los tostados no es garantía de nada (bueno).

Desenlace
Dicho esto se me ocurren dos preguntas ¿cómo distinguir cuando el uso de la madera ha sido el adecuado? ¿cómo sería un vino sin el uso de la madera y cómo sería después de su crianza en el mismo?
Veamos dos ejemplos positivos de cada tendencia. En este primer ejemplo podemos ver un ejemplo de un vino que se expresa con franqueza, sencillo, limpio. Un vino en esencia, sólo con lo básico. Un vino que es sólo guitarra y voz.

Y ahora veamos cómo es ese vino, con las mismas características anteriormente mencionadas y que además ha tenido ese aporte extra que da la crianza. Podreis ver que no se aprecia maquillaje alguno. No hay nada que le quite la verdadera esencia al vino y sigue siendo él mismo:

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Estás casi seguro de que has tirado tres veces la toalla y aun con la rodilla en tierra los golpes siguen cayendo. ¿Dónde se ha metido el árbitro? ¿y la campana porqué sigue muda?
Habrá que seguir encajando con la esperanza de que el temporal amaine; esperando que se canse de golpear antes que tú de encajar.

Nunca hubo mucho en lo que creer. Ahora menos. Si tienes que creer en algo en estos momentos es en que los golpes van a seguir cayendo. Uno tras otro, rítmicamente. Si tienes que creer en algo será en que la campana no sonará. Quizá fuera bueno soltar la mano de vez en cuando para marcar una ligera distancia y buscar el aire que no tienes.

Ya no crees ni en creer, porque ya no te crees ni el vino que bebes.

Post escrito escuchando la canción que veis y con una copa de “Côte du Py” 2005 Morgon de Dominique Piron. Un vino que te hace volver a creer.

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