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Archive for the ‘Tissot’ Category

Desde jóvenes nos enseñan que el tiempo es lineal, si bien, con la edad, aprendes que esto tiene alguna excepción como puede ser el tiempo perdido; este acaba por ser exponencial a poquito que nos descuidemos.

Otro momento en que este continuo tiempo se toma un giro inesperado es con el comienzo del verano. Me suele pillar siempre despistado ese momento. Un buen día, de súbito, me doy cuenta de que a media mañana el ritmo de todo se torna más lento. Cada segundo parece durar dos. La gente camina a por el periódico, a por el pan, a pasear a los crios y los perros sacan a pasear a sus dueños. Sin embargo el ritmo es mucho más lento de lo que era habitual hace apenas unas semanas. De repente, durante unas horas al día, todo parece pararse. Apenas hay tráfico. El ritmo de la ciudad se rompe y se toma pequeños respiros durante algunos momentos del día.
Tan evidente es que ha llegado el verano que incluso me veo con ganas de guardar dos horas y media de digestión después de comer (los que habéis tenido infancia piscinera me comprendéis), han llegado los San Fermines siempre puntuales, el Tour de Francia (y sus siestas)… ¡Es verano!
Vamos ya con los vinos bebidos en las últimas semanas:
– Muga Rosado 2008. Bodegas Muga. DOC Rioja. (4,84 EUR)
Fresas eléctricas que explotan en tu nariz y en tu boca. Intensamente jóven. Noches de verano y elige con qué beberlo.

– Domaine Piron et Lafont. Chenas Quartz 2004. (9 EUR)
Está duro. Tiene caracter. Se suceden olores y sabores que vienen y van intensamente. Verdor de raspón y notas vegetales, polvo del camino, piedra, quiere asomar la cabeza una nota de chocolate y otras cuantas de fresas y guindas ácidas. Como viene se va un toque plástico. Otro toque suave de animal que se va como vino. Austero, duro y rústico. Pleno de carácter. Ha acompañado bien tanto una tortilla de patata como pollo asado.

– Hermann Dönnhoff Riesling Trocken 2006. Nahe. (14 EUR)
El básico que todo elaborador debiera tener en la cabeza. En este momento te llena los sentidos. Hierba, albaricoques, jazmín; no prima el componente frutal sobre el floral, si no que se superponen el uno al otro en función del momento. Ligero amargor que le da las aristas en la boca que hacen que no sientas el componente de densidad que está cerca de mostrarse. Una intensa acidez te barre todas las sensaciones y te prepara para el siguiente sorbo. Dura y dura y dura, es realmente persistente. Son los últimos sorbos de vino en la casa en la que tantos amaneceres y atardeceres he podido disfrutar.

– Rosé d’folie 2008. Jean-Paul Brun. Appellation Beaujolais Rosé Contrôlée (10.4 EUR aprox)
En plena mudanza, sepultado por un mar de cajas, encuentro las copas y lo cierto es que me apetece respirar hondo y beber un vino agradable. Esta botella pasaba por aquí… ¡Qué desencanto! Mr. Nothing Rosée. Fresco y poco de frutilla roja. ¿Es así o es que con tanto ir y venir la botella estaba fatigada?

– Arbois Savagnin 2006 “a la Fauquette”. Domaine André et Mireille Tissot. Appellation Arbois Contrôlée (20 EUR)
Desconcertante. Un vino muy particular, con expresiones de lo más inesperado para lo que es mi beber habitual. No puedo evitar el utilizar otros vinos para poderlo calibrar. Abre como un fino al que le quitas el carácter marino para pasar a mostrarse como los blancos de Tondonia o Murrieta. Un retro de café, toffe y amargor que me recuerda al Bitter-Kas completan el conjunto. Desconcertante pero en el sentido positivo. Me ha gustado y parece un vino versatil para acompañar la comida. En esta ocasión ha ido con atún a la plancha y espárragos verdes salteados. Pese a todo me ha quedado la sensación de que lo he abierto demasiado pronto.

– La bota de Fino 15 (15-18 EUR aprox)
Seco, firme, serio, profundo, sobrio, largo. Creciente con el paso de los días. Un fino que se viste por los pies. Muy rico con un carpaccio de brevas y jamón serrano.

– Gran Feudo Rosado 2008. Bodega Julián Chivite. DO Navarra (3.12 EUR)
¿Estamos ante un caso perdido? Si no hubiera estado bebiendo este vino desde hace ya algunas añadas, desde los tiempos en que era todo un ejemplo de rosado, diría de él que es un rosado solvente a un precio excelente. Lamentablemente, y como ya he dicho varias veces, en las últimas añadas ha perdido algunas de sus virtudes, como eran viveza, acidez y el constituir un trago estimulante. Ahora es un rosado más.

– Blanco Nieva Sauvignon Blanc 2008. Viñedos del Nieva. DO Rueda (5.23 EUR)
Profundamente aromático. El maracuyá se expresa a un volumen altísimo. Por debajo de este un ligero amargor que evita el que pueda resultar un trago empalagoso y más al fondo aparece una acidez suficiente, si bien por debajo de la que era muy notable en la añada precedente y que echo de menos en la actual. Todavía tiene un ligero burbujeo de carbónico. Me parece que puede ser un buen maridaje para todas esas ensaladas que comienzan a poblar las mesas en verano.

– Côte de Brouilly 2008. Jean-Paul Brun. AOC Beaujolais. (13.6)
Vino que sabe a vino. ¡Toma ya! ¿de Perogrullo? pues no, de Beaujolais. De un color ligerísimo que de primeras me predispone muy positivamente. Fresas frescas, duras. Tonos vegetales que me recuerda a los vinos de maceración carbónica. Un toque como a bacon, ahumado y otra pizca de especiados, pimienta negra quizá. Para bebertelo a cajas. ¡Qué vino tan bonito!

Retomamos la serie de “¿Alguien sabe cómo sobrevivimos a los ’80?“. Si recordais esta canción o bien teneis más años de los que reconocéis públicamente o bien teneis una memoria como la mia, dotada para recordar zillones de cosas absurdas pero nada útil de verdad. Por cierto, en aquella procelosa década no se hacía play-back, se cantaba siempre en riguroso directo. Ahí os dejo a Fiordaliso dándolo todo:

P.S. La imágen de los campos de Castilla provienen de http://durium.blogspot.com y según reza pertenece a Consuegra.

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Se realizan simposios, cursos, reuniones, conferencias, mesas redondas e incluso gabinetes oficiales de cada uno de los estamentos públicos que uno pueda imaginar. Todo ello con el fin de relanzar el consumo de vino, que como el teatro, siempre se encuentra mal.

¿Y la publicidad? errática y olvidable desde mi punto de vista. Sin embargo, ¿habéis visto la publicidad de las marcas de cerveza? la que más y la que menos siempre es destacable, con frases que llegan al público y siempre con algo que te hacen prestarla atención.

No sé, o las empresas del mundo vinícola no contratan a las agencias de publicidad adecuadas o es que se pierde el mensaje por el camino. ¿Opciones? o contratar a las mismas agencias que las empresas cerveceras o bien decirle a estas que es publicidad para cerveza y el día del rodaje calzas, como quien no quiere la cosa, que esto va de vino… A ver quién se pone a rehacer todo el trabajo, aunque sólo sea por eso quizá se tire pa’lante.

Cambio de tercio. Como más o menos sabéis estos días he estado navegando en un temporal de cajas. Ya va amainando, de modo que en cuanto encontré las copas procedí a descorchar algo. Ya informaré más en profundidad, pero de momento baste decir que resultó un desencanto la botella de JP Brun Rosé d’folie 2008 y desconcertante, en sentido positivo por lo inesperado, la botella de Arbois Savagnin 2006 “a la Fauquette” de la que todavía estoy dando buena cuenta.

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Ha sido un fin de semana de muy buenos vinos en buena compañía que me va a dar material para escribir bastantes entradas en el blog, sobretodo el de la Peña El Sarmiento. Pero quiero comenzar con una fantástica cena en mi casa y en la grata compañía de Pedro Carroquino y Tuija, porque los vinos que bebimos, me parecieron sensacionales. Vinos que se apartan un tanto de las modas y que conservan un carácter y una personalidad propios y que acompañan a una cena de este tipo de maravilla. La comida la aportó Tuija, recién aterrizada de Finlandia y consistió en unos entrantes de pepinillos, huevas de salmón y smetana, una especie de queso fresco. Posteriormente comimos unas setas recién recolectadas en los bosques de Finlandia, parecidas a las chantarellas, pero con el sombrero oscuro. Y un salmón ahumado realmente delicioso, servido caliente y con unos aromas tostados a madera realmente curiosos. Despuesalgun chupito de vodka finés abrimos el primer vino de la noche, un Côtesdu Jura de Stéphane Tissot, de “Les argiles du Lias” 2006. El vino de un color pajizo bastante pálido comienza asustando un poco con notas de madera y mantequillosas, pero podemos calmarnos, poco a poco se suavizan y el vino comienza a abrirse, dando paso a una mineralidad bastante marcada en primer plano, algunas notas de flores blancas y una fruta de corte cítrico que refresca esa mantequillosidad del principio. En boca es ligeramente untoso, con muy buena acidez y de nuevo esa mineralidad bien marcada que queda en un final de buena presistencia. Muy rico y agradable de beber, un vino que en todo momento va a más y que creo que mejorará con algo de botella.
Pedro me había comentado que no conocía los Beaujolais, así que uno de los vinos que tenía bien claro abrir era algún Morgon de calidad, este de Marcel Lapierre fue el primero que me encontré al bajar a la bodega y me pareció un buen ejemplo, además quería ver como andaba el 2006, del que tengo mas botellas. Con su tipicomutitud de frutos rojos como fresas y frambuesas, algo de piruleta, pétalos de rosas, alguna nota metálica al fondo y bastante piedra. El vino ha ganado bastante intensidad desde la última vez que lo probé, mas maduro y ha sacado mas frambuesas, de momento no se ha cerrado. El paso por boca es sumamente agradable y elegante, con ligereza demuestra una muy buena acidez, un tanino suave, recuerdos frutales y un final bastante largo y mineral. Una delicia de vino que acompañó de maravilla a las setas y al salmón.
Llegaba el postre, unos “arándanos del pantano” congelados (y recogidos también cuando las temperaturas bajan de los 0ºC) en una sopa de tofe templada. Complicado postre, con una acidez marcada de los arándanos y el dulzor del caramelo. Pero lo de congelado me recordó al eiswein y para abajo que me fui a buscar una botellita del eiswein de Barzen 2004 que guardaba. Temía poder encontrarme un vino hermético y muy cerrado, pero no. Con un color amarillo bastante intenso y brillante se mostraba un vino muy expresivo, cargando una buena dosis de hidrocarburos en primer plano. Sorprendente para un vino con solo 4 años. También nos enseña una segunda capa de fruta madura como albaricoques combinada con notas cítricas de cáscara de naranja y pomelo. Las flores hacen su aparición al rato otorgando mas profundiad a la nariz junto con alguna nota mielosa. En boca es un disfrute, el vino se bebe de maravilla, el azúcar residualse color rojo frambuesa madura, de media capa. En nariz comienza algo cerrado, poco a poco asoman combina con una acidez que le da mucha frescura en boca, equilibrio sería la palabra. Buen final ligeramente amargoso y mineral. No te cansas de él. Se comportó muy bien con el complicado postre.
Lo dicho, tres vinos sin aspiraciones a ser los mejores vinos del mundo, pero que con su sencillez y su marcada personalidad, proporcionan grandes satisfacciones al alcance de todos los públicos (excepto el eiswein, aunque éste no tiene un precio exajerado para lo que es habitual en estos vinos).

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