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Posts Tagged ‘Bernabé Navarro’

No quiero añorarte, echarte de menos; palabras que no son iguales. No son lo mismo, porque nada lo es. No quiero imaginarte, pensarte, recordarte… Sin cartas, sin correos, sin mensajes, sin teléfonos, que no son más que decir que estamos lejos sin atrevernos a decirlo. Sin maletas para dos, sin recuerdos para uno.

estuve_esperandoteUnos espárragos verdes, cocinados al vacío apenas la mitad de tiempo que un lomo de salmón. Salmón que habremos marinado durante medio día en sal gorda, azúcar y ralladuras de naranja, limón y lima. Uno sobre los otros y unas gotas de aceite de oliva; sin más. Todo, cocina y sabores sin disfraces. Beberemos juntos un vino brillante y limpio: El Carro. Un vino ligero y fresco como un primer beso en la mañana.

Te quiero siempre real, cerca, al lado. Compartir cada plato y cada copa; cada despertar y quedar dormida. Cada mañana. Cada tarde. Cada noche. Que toda mirada, toda palabra, todo silencio compartido sea la medida de nuestra distancia. Que lo más lejos que estemos sea la más cercana mirada. Tan lejos que nos sintamos respirar; latir, vivir y sentir, que sí es lo mismo. A la distancia de un beso; y que olvidemos el futuro como si nunca hubiera ocurrido. Al lado. Cerca. Real. Siempre.


Nota 1: Gracias a Manoel Foucellas por permitir la utilización de la imagen que ilustra este post y que ilustrara, anteriormente, el post con el mejor banco del mundo en su blog Pantagruel Supongo.


Nota 2: Como la receta está contada un poco de aquella manera, si alguien quiere mejores coordenadas, no tiene más que decirlo.

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Exhausto; me muero de sueños. Exhausto muero soñando un lugar en el mundo que me recuerde a ti.

Ni siquiera podría imaginarte, soñarte; y ahora no me imagino dejar de hacerlo a cada instante, en cada momento. Soñar contigo más despierto que dormido; pensarte más dormido que despierto. Soñarte los ocho días de la semana; soñarte los sesenta días del mes. Soñar que todos los meses son de mayo; que cada día nos despierte junto al mar.

Un poquito de ajo muy picado, rehogado, junto a pimiento rojo cortado fínamente. Una pizca de pimentón que añadimos fuera del fuego y vino blanco, claro. Salteamos el chorizo picado y patatas partidas, no cortadas. Patatas chascadas, que es la forma en que hablan las patatas para hacer que los sabores sencillos se vuelvan suaves al convertirse en guiso. Una hoja de laurel y agüa y cocer lento hasta que las patatas se hayan rendido.

Puede que este plato te parezca poquitacosa, pero calmará nuestra hambre cuando es el alma quien tiene frío; cuando ni palabras tiene que echarse a la boca. Puede parecerte poquitacosa, aunque no cabe más amor en menos puchero.

Beberemos, juntos, un vino con nombre de fascinante literatura: Los Cipreses de Usaldon. Un vino lleno de vida, de uvas, de casualidades y sueños.

Nota: Imagen proveniente de La Librería Turquesa (Llamadas sin conexión / Remember)

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