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Posts Tagged ‘Rosado’

Y en cada palabra, se esconde un otoño; las miradas esquivas, los besos al aire.

Otoño de miradas esquivas, de besos al aire, de caminar despacio bajo cielos azul sangre. Necesito el viento frío que mece la noche, las hojas secas, la lluvia, la bruma y la niebla, quizá también la nieve.

Mientras cocemos, picadas, las my_own_private_autumnjudías verdes y la zanahoria rehogamos, mansamente, la cebolleta, el ajo y unos daditos de jamón. A mitad de cocción de las primeras añadimos unas alcachofas al puchero y cuando estén casi cocidas, añadimos al rehogado unos ramilletes de brécol. Sí, no arrugues la nariz, todo verde y ¡todavía queda más! Unimos judías, zanahorias y alcachofas a este rehogado suave y en el mismo puchero cocemos muy brevemente unos guisantes. La mitad de ellos y una pizca del caldo los pasamos por la batidora para que nos hagan una salsa deliciosamente ligada. Unimos todo, finalmente, en esta cacerola para que se unan los sabores y ya en el plato añadimos unos cardos recién rebozados y unos dados de patatas fritas bien doradas. La menestra más sencilla, fácil y deliciosa que puedas probar.

¿Una copa de vino?. Por favor, claro que sí. Uno que se dice rosado y se pronuncia clarete; de esos vinos perdidos y que te encuentran para hacerte sentir que el otoño es hoy, es ahora, es nosotros, en este plato y en esta copa.

Naif. Hay palabras que sólo digo junto a ti. Almuerzo. Hay platos que sólo te cocino a ti.

Aunque nadie acuda para despedirlos, los barquitos de papel parten con cada ola.


Nota 1: Para la fotografía del plato he tenido que tirar de archivo buscando la última vez que cociné esta receta, ya que ninguna de las que hice en esta ocasión llegaban a ser ni medio presentables.

Nota 2: La receta original es de Lorentzero. Un pedazo de cocinero.

Nota 3: La fotografía que ilustra este post es mía.

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No te amé la primera vez que te vi. Quedaría muy bien decir lo contrario, muy Actor’s Studio o muy Tenesse Williams, pero mentiría si dijera lo contrario y sabes que eso nunca lo hago. Recuerdo, y no sé por qué, la primera vez que te vi. Querencias de un primer instinto, querencias de una segunda piel.

Porque hay gustos adquiridos, querencias y quereres que sólo son cuando maduran; que sólo son cuando han de ser. Como el caviar, como la mostaza, como el vino, como el jazz, el flamenco y Frank Sinatra. Sabores aprendidos como un recuerdo de mañana. Todos quereres a la segunda; quereres todos del instinto. Querer de café cargado y sin azúcar. Querer de chocolate amargo. Querer sin darte cuenta de querer. Querer de sotavento y bajamar. Porque no te amé la primera vez que te vi.

Porque la primera vez no entendía ni una palabra de lo que decías; pero te quedaste en mi. Sutil, distinta, elegante. Una entre un millón. En la copa este rosado de Tondonia es todo eso y más.

Doramos las codornices cortadas al medio en una sartén; no mucho, sólo dorarlas. Cuando tengan ya ese olor y color rico, las apartamos del fuego y dejamos que se atemperen.

Con maíz cocido, zumo de naranja y un cordón de aceite de oliva montamos la salsa en la batidora, pasandola por un colador antes de templarla.

Ahora nos tenemos que manchar las manos, sin miramientos. Así como cuentan que no hay mayor amor que el amor por la comida, así hemos de asirla, saborearla, olerla, morderla y, por supuesto, tocarla. Con cuidado separaremos los muslitos de las pechugas y ambas partes las pincelamos con una mezcla de miel, vinagre de chacolí y aceite de oliva.

Las metemos en el horno y estarán hechas cuando veamos que toman el color del bronce viejo, el color de caramelo, pues en caramelos de codorníz se han convertido los muslitos, que podriamos comer por decenas como quien come camarones a la orillita del mar. Bocado dulce y sabroso las pechugas, bocado de bienestar. En el fondo del plato la salsa, sobre este las pechugas y esos caramelos con palito que son los muslos y terminamos de acompañarlo con unas brevas salteadas.

Querencias, instintos, sabores.


Nota: Imágen de Cadaqués proveniente del sitio Flickr! de TexturedJohn

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