Fuentes web
Entradas
Comentarios

Domaine de la Bergerie

Comienzo con esta bodega una serie de entregas relatando lo probado y visitado durante mi reciente viaje al Valle del Loira. La razón para comenzar por aquí, no es otra que aprovechar que un compañero me ha pedido las notas que tomé sobre esta bodega.

Los vinos los probamos en el Salon des Vins de Loire y nos dejaron una impresión muy grata de este domaine, situado en la zona de Coteaux du Layon. Esta bodega esta ligada a la familia Guégniard desde hace siete generaciones. Yves Guégniard comenzó a trabajar con sus padres en 1979, por lo que estamos hablando de una persona con experiencia en la viña y en la elaboración de sus vinos. Esto se nota en unos vinos muy bien elaborados. La especialidad de la casa, como no podría ser de otra manera en esta región, son los vinos dulces de Chenin Blanc, pero también elaboran secos y algunos tintos. Estos fueron los vinos que probamos.


View Larger Map

Comenzamos con blancos secos, Les Pierres Girard 2008: Chenin blanc de Anjou, muy expresivo en nariz, maduro en su componente frutal y muy agradable. En boca era algo secante, con una acidez afilada que quizás necesite un pelín de botella para afinarse. Seguimos con el Savennieres Clos le Grand Beaupreau 2007, muy bueno también, mas mineral que el anterior y con mas complejidad en nariz, aunque con una boca bastante potente (14.5%), lo que es normal en esta zona, aunque se mostraba con buen equilibrio. Habrá que ver como envejece.

Vinos del Domaine de la Bergerie

Rosado, Cabernet de Anjou 2009 (11.5%): Estaba rico, golosote, sin complicaciones, pintalabios tengo apuntado en la libreta, ligeramente dulce en boca. Rico. Mucho mejor que los Lambruscos que se bebe la gente masivamente en España.

Probamos un par de tintos, La Cerisaie 2007, 80% Cabernet Franc y  20 de Cabernet Sauvignon, bonito color, aromas caracterísiticos de pimiento, cerezas, mineral y tánico, con buena acidez, un final correcto y frutal. Agradable aunque joven. No son los vinos de estas variedades demasiado amables en su tierna juventud. El Evanescence 2007 (100% Cabetnet Sauvignon) Mas animal en nariz, cueros, ahumado y fruta roja. En boca rusticote, mineral y algo directo, no muy redondo. Falto de botella pero interesante.

Y ya llegamos a la especialidad de la casa, los vinos dulces. Comenzamos con el Clos de la Bergerie Coteaux de Layon 2007. Pomelo, pasas y miel en nariz. Muy equilibrado en boca y con un final muy largo. No se cuanto costará, pero me gustó bastante. El Clos de la Girardiere, Coteaux de Layon Rablay 2007 con sus 100 gr/L de azucar residual, se mostraba mas goloso, mandarina, piedra y hongos en nariz (todos estos vinos tienen un buen porcentaje de uva botrytizada). Continuaba con ese equilibrio y frescura marca de la casa. Muy bueno. Chaume 1er Cru 2007, muy complejo en nariz, con curiosas notas de zceituna rellena, mandarina, pasas, hongos… En boca los 150 gr/L de azucar residual frescos y bien llevados por una sobresaliente acidez.

Mención aparte merece el Quarts de Chaume 2005. Dorado y untuoso en la copa, mas cerrado en nariz que los anteriores. Miel, pasas, higos blancos, orejones, incluso algo de cítricos que refrescan el conjunto. 220 gr/L de azucar residual, pero muy equilibrados, ESPECTACULAR vino. Rematamos la faena con el Fragrance 2005, Coteaux de Layon procedente de las mas viñas viejas y que pasa en barricas usadas de roble casi 18 meses, para buscar la máxima concentración de este vino procedente de una cuidada selección de granos botritizados. En nariz es intenso, miel, frutos secos, algo de barniz, almendras garrapiñadas. Muy concentrado en boca, correcto, pero quizás algo excesivo, para amantes de extremos, me quedo con el vino anterior.

En general una muy correcta y variada gama de vinos de un productor que conviene memorizar el nombre. Mis preferidos el primer blanco seco, el Clos de la Bergerie y el Quarts de Chaume. Los tintos prometen pero habría que verlos con 10 o 15 años encima a ver que tal andan.

Silencios. Latidos.

Todo está en calma. Me gusta levantarme antes de que amanezca. Tomar el primer café mirando por la ventana en esos instantes antes de que rompa el día. Ese momento que no se puede atrapar de modo alguno, pues apenas dura lo que tardas en darte cuenta de que se ha vuelto a escapar.

Hace frío hoy y le cuesta despertar al día. Duermes, con la tranquilidad de quien siente que nada le dañará. Está todo en silencio. Sólo se escucha tu silencio y tus latidos. Se escuchan tus sueños. Silencios. Latidos. Sueños. Me gusta contemplar ese momento en que despiertas, como el día; ese momento que se escurre entre los dedos. Un instante y se va; y entonces llegas tú. Más silencios. Más latidos.

Te desperezas y miras como un gato que se muestra ausente al ver la chimenea recién encendida; como el gorrión curioso que en este invierno frío no sabe bien cómo comenzar el día. Despiertas y en tu mirada el mar en tormenta que siempre está ahí sin tú saberlo.

Amanece cuando amaneces.

No hay nada mejor que la primera taza de café del día; nada, excepto esta segunda taza contigo.

Sí, definitivamente hoy, para almorzar, cocinaré el plato que me imaginaste, sin saberte protagonista. Hambre de tu hambre y de tu hambre, comer; con tu sonrisa, sonreir y con Neruda… con Neruda siempre llorar. Añoranza de lo que se tiene. Todo y echar de menos. Añoranza de lo ausente. Nada y echar de menos.

Voy calentando el horno; hará falta. Con mimo, siempre, corto unas tiras de salmón marinado de un grosor y longitud razonable; la que nos diga el sentido común para que, como los besos, apetezca más después del último.

Vamos ahora con el salmón fresco. Desnudo de piel y espinas cortamos unas tiras de lomo del doble del tamaño que las anteriores. Tampoco nos preocupemos por la exactitud en la medida, que si te apetece más de uno que de otro se invierten los términos. Sin sentirnos esclavos de medida alguna. Sin sentirnos esclavos de nada, ni de nadie, pues en la vida no hay guión. Que comemos para sentirnos bien, para compartir plato, para compartir el mismo aire. Que si no es así, ni hambre tengo y almorzar no es almorzar, es sólo alimentarse. O sea, nada.

En la plancha, bien caliente, les doy una vuelta. ¿Cuánto tiempo? El que tú me digas. El que a ti te guste. Ese punto justo en el que está hecho y se mantiene jugoso; que salen láminas como jirones de niebla. Ese punto en el que te acaricia los sentidos cuando el tenedor apenas roza tus labios. Ese punto en el que tu rostro lo dice todo.

En el horno introduje un par de piezas de Crottin de Chavignol. El tiempo y temperatura justa para que se templen, no más. Ambos sabemos que, las más de las veces, la calidez es más importante que el calor. Y mientras toman esa temperatura que queremos, aliño unas hojas de lechugas con aceite de oliva para que las haga más apetecibles.

Montemos ahora el plato como quien hace la cama; tiene algo de ritual, de suave y calmo. Cada elemento encuentra su sitio. Las hojas de lechuga en el centro del plato, por parejas los salmones y sobre las hojas, finalmente, el Crottin que hemos templado.

Zumo de naranja, quizá otra taza de café… y vino. En las copas sonrisas y un riesling alsaciano de Domaine Schoffit. Botellas que se abren, círculos que se cierran.

Almuerzo, vino, tú. Silencios, latidos. Nada más.

Nota: Otoño en Madrid, proveniente del blog De Madrid al cielo. La foto pertenece a Javier Martínez Avedillo

Borgoñas ¿a diario?

No será la primera vez que diga que los vinos de Borgoña se cuentan entre mis preferidos, sobretodo en tintos. La Pinot Noir de esta región francesa produce el estilo de vinos que mas se ajusta a mis gustos personales. El problema… el precio. No debo de ser la única persona con estos gustos y la demanda, junto a muchos años de tradición vinícola, provoca que los precios no sean exactamente comedidos como para favorecer su consumo diario, sobretodo para mi maltrecha economía. Esto quizás sea especialmente cierto en un país como España, donde por un lado, resulta fácil encontrar una buena cantidad de vinos nacionales de menos de 10€ con una calidad mas que aceptable. Y por otro lado, los importadores nacionales, o bien se limitan a una serie de productores de renombre o bien se concentran en las cuvées mas prestigiosas de las bodegas, olvidando los vinos básicos genéricos. De forma que se hace complicado encontrar vinos de esta región por menos de 20 €. Por suerte entre Alemania/Holanda, el panorama cambia bastante y el vino “barato” no está tan menospreciado como en España, así que he podido disfrutar ultimamente de algunos vinos interesantes.

Drouhin Bourgogne Pinot Noir 2007. Rojo picota de media capa. Comienza algo animal el primer día, dando aromas cárnicos-ahumados en primer plano, con algo de flores secas y sotobosque de fondo. Al abrirse sale fruta fresca tirando a cerezas y frambuesas y un fondo levemente especiado. Frescura en boca, tanino suave, leve amargosidad y una ligera terrosidad agradable en el final. Muy rico y de trago fácil, acompañó igual de bien a una tortilla de jamón sobre pan con tomate, que a una ensalada. Versátil y muy correcto para costar sobre los 8€. Repetiré.

Drouhin Laforet Chardonnay 2007. En este caso otro blanco de chardonnay báscio, similar al recientemente comentado en un anterior post, pero incluso algo mas barato (7.80€). El vino resulta menos mantequilloso que aquel y en este caso la fruta es algo menos cítrica, mas tirando a piña y asoman claros aromas de almendras. Jugoso en boca, redondo pero con una acidez mas que correcta. Excelente vino de introducción a esta variedad. El mismo día que comí con este vino, luego en una fiesta me toco sufrir un vino de la misma variedad pero de Navarra, que luego averigué que cuesta mas o menos lo mismo. En fin, sin comentarios.

Pierre Bourée Bourgogne 2006. Ya nada mas servirlo en la copa se advierte por el tono y la capa que nos encontramos ante un vino de estilo muy clásico. Nariz con fruta roja fresca, cerezas sobretodo. Especias y suaves aromas que recuerdan a la crianza en una barrica no muy nueva, y leves dejes florales completan la nariz. En boca fresco, con un tanino suave y equilibrado por la buena acidez, lo convierten de nuevo en un buen compañero de la comida. En navidades lo tomamos con unos canelones y de maravilla. Un amigo me comentaba en el Facebook que lo había tomado igual de exitosamente con un cocido. No se lo pierdan, esto es un valor seguro. Lo trae a España Bodegas Aldonia y si no me equivoco en Madrid se puede encontrar en La Fisna.

Nicolas Potel Volnay Vielles Vignes 2006. Aprovechando una oferta pille este village de negociant a unos 17€. Se nota que en este caso estamos hablando ya de un escalón superior, en cuanto a calidad, ya que este es un village, de esa preciosa villa vinícolamente hablando que es Volnay. Mientras que los vinos anteriores, se encuentran bastante asequibles y listos para el consumo, en este caso no vendría nada mal algo mas de guarda. Al principio estaba muy cerrado, costó que asomara esa fruta roja, algo golosa, en combinación con una buena carga floral de lilas y violetas. Un puntito vegetal en forma de hojarrasca al fondo y una buena carga mineral. Tostados sutiles nada molestos. En boca muy buena acidez, tanino bastante presente, el vino pide algo de guarda para armonizar esta boca. En todo caso rico y agradable.

Meo Camuzet Bourgogne 2001. Encontré unas cuantas botellas de este vino a unos 18€ y pensé que estaría en buen momento de consumo. Y vaya que si. Rico, fresco, con una nariz expersiva, no excesivamente compleja, pero muy agradable, frutal y sobretodo mineral, mas terroso que los vinos anteriores. En boca muy equilibrado y agradable. Hace poco bebí el mismo vino, pero del 2005 y no se puede decir que este esté nada agotado. La principal diferencia que encontré, es que aquel 2005 mostraba una fruta quizás algo mas madura y el tanino estaba mas presente. Muy bueno.

Y próximamente en este blog… Chenin, Cabenet Franc, Sauvignon Blanc y Melon de Bourgogne! Adivinan la región? Si el Valle del Loira me espera, visitaremos el Salon des vins de Loire, La Rennasaince des AOC y por supuesto unas cuantas viñas y bodegas. Espero poder relatar las aventuras a mi regreso.

Vinos variados

Apenas encuentro tiempo para ponerme con la última entrega del viaje al Mosela, así que para no tener del todo abandonado el blog, aquí os dejo una pequeña entrada con comentarios sobre los vinos consumidos últimamente.

Comienzo con algunos vinos “de diario”, de los que hace tiempo no hablo. Zantho St. Laurent 2007, Burgerland (13%), vino elaborado con una variedad que resiste tan solo en Austria y la República Checa (St. Laurent), aunque parece ser originaria de Alemania y emparentada con la Pinot Noir.  El vino se muestra el primer día con una importante carga de fruta negra intensa en nariz y algún tono ahumado y de flores secas, con una acidez casi agresiva en boca. El segundo día mucho mas discreto en nariz, carne ahumada, mientras que en boca ha mejorado bastante, mas amable, tanino suave, ligero y con la acidez mas comedida, el final es algo amargoso y vegetal. Como curiosidad por 6€, no esta mal, pero no repetiré. Como curiosidad, viene con tapón de cristal.

Blanco Nieva Verdejo 2008, Rueda. Si, ya he encontrado donde abastecerme de los vinos de Pepe, a 7′90€ este verdejo, parece que los importadores de por aquí no meten el mismo palo que le meten en España a los vinos alemanes. Este 2008 esta exuberante en nariz, con notas de manzana, hierba cortada, canto rodado y algún deje tropical de fondo. En boca frescura y viveza marca de la casa, buena acidez y un final mineral. No cansa. Bien Pepe, muy bien.

Liante 2007, Salice Salentino. Vino de Negroamaro y Malvasia Nera de la zona de Puglia. Oscuro y amoratado en el color, fruta negra madura (no sobremadura), un punto ahumado y un fondo terroso agradable. Redondito en boca, correcta acidez y alcohol bien integrado. Se bebe de forma agradable y acompaña bastante bien a un plato de pasta. Correcto en su precio (9€).

Cingles Blaus, Octubre 2007, Montsant. Rojo amoratado, capa media alta. Frutos del bosque en nariz, algo láctico, alguna punta vegetal y pimienta negra. En boca goloso, acidez correcta y tanino completamente ausente. Un vino que se bebe fácil, no ofende, pero que podría ser de cualquier sitio y al final termina aburriendo. No repetiré. 7€.

A. Christmann Pfalz Riesling 2007. Magnífico vino. Ya van unas cuantas botellas y no me canso de él. La nariz es intensa, cítrica, pomelo maduro, algo de anis y mucho mineral. Gran acidez en boca, pide algo mas de botella, pero ya esta tan rico que cuesta mantenerlas sin descorchar. La fruta citrica, untosidad y un punto de azúcar residual (aunque trocken) casi necesario para equilibrar, largo y mineral en el final. No es excesivamente complejo, pero por los 9€ que cuesta, cumple sobradamente su misión. Todavía me quedan mas botellas. Mi vino del año 2009.

Domaine des Tours 2005, Vin de Pays de Vaucluse (12.5%). Rico vino básico de E. Reynaud, que se presenta con un rojo de media capa, nariz de frutos rojos, aceituna negra, especiado, cárnico y bastante rústico. Lo he compartido con compañeros del trabajo, a los que tanta rusticidad molestó un poco. A mi personalmente me gusta. En boca esta pulido y carnoso, con muy buena acidez y con esa fruta roja fresca y jugosa, combinada con una suave amargosidad. Rico y buen compañero de las cenas. A unos 9€, ya han caído varias botellas.

Joseph Drouhin Bourgogne Blanc 2008. Básico del confiable negociant por algo menos de 10€, merecía la pena probarlo. Amarillo pajizo brillante. Fresca nariz, aromas citricos y de fruta blanca, suaves tonos de mantequilla y acacia. Rico en boca, untoso, con acidez y nervio, sin muchas complicaciones para acompañar una comida y disfrutar tranquilamente de él. Repetiré y habrá que ver que tal el tinto.

Y ahora dos cositas que me bebí con un par de compañeros de la Peña El Sarmiento en Lavinia justo antes de que metiesen en el avión camino a Valencia.

Clos des Corvées 1999, Priurée Roch, Nuits-Saint-Georges. No es la primera vez que bebemos este 1er Cru (Monopole de la bodega), pero buscando alguna botella para disfrutar de la tarde cuando David propuso esta, el resto dijimos que si inmediatamente. El color es el habitual de los vinos de esta bodega en la época Pacatet, rojo cereza de media capa, algo turbio… pero, ¿a quien le importa el color cuando el vino esta tan bueno? Nada mas abrir aparece algo animal, ligeramente suciote y reducido, pero rápidamente en la copa se va abriendo para mostrar una fruta roja intensa y fresca, flores, hojarrasca, especias tierra negra, muy complejo y agrdadable. En boca está magnífico, fresco, con un tanino suave, una acidez que otorga gran viveza al vino, frutal y largo en el final. De los que deberían ir siempre en magnum como mínimo porque se hacen cortos.

Nos quedamos con ganas de mas y entonces apareció David con una botella que había encontrado en la tienda de Domaine de Trevallon 1996. Tenía ganas de probar este vino de Provenza basado en la cabernet sauvignon y la syrah, así que un primer encuentro con una botella ya con 13 años parecía una buena oportunidad. Precioso color rojo intenso y brillante, clareando ligeramente en el ribete. Como he dicho antes, no es que me importen mucho los colores, pero este era realmente bonito. En nariz comenzó algo tímido y he de decir que no me terminaba de convencer al principio. La fruta se mostraba madura, casi pasificada, muchos higos, tengo aqui anotado, aunque en boca mostraba hechuras de vino serio, con buena acidez y profundidad. Con aireación el vino creció mucho (deberíamos haberle metido un ligero decantado). Sale una fruta mucho mas fresca, siempre tirando a negra y comienzan a asomar las especias para dar complejidad, algo de aceituna negra junto con notas de monte bajo,  dejan claras pistas sobre la procedencia del vino. En boca esta en su punto, gran equilibrio entre los taninos y la acidez, largo en el final, invita a repetir. Disfrutamos bastante de este vino maduro por unos 30€, sin duda muy recomendable.

Y acabo con dos comentarios escuetos sobre dos vinos que tomé en Enópata en Valencia. Uno fue L’Arbossar de Terroir al Límit. Agradablemente sorprendido por este vino. Había escuchado buenas cosas sobre la bodega y al tenerlo en la copa se han confirmado. Un vino elegante, con un poco de todo en su justa medida. Un vino de los que no gritan y que muestra una nueva forma de interpretar el Priorat, huyendo de sobremaduraciones, de alcoholes excesivos o de asfixiantes tratamientos maderísticos. Tengo ganas de beber una botella en una comida para confirmar las sensaciones que me transmitió en la copa. Gran calidad. Anoche estaba tomando una copa del Hermitage de J-L Chave 2005 y he de decir que me recordó a este vino bastante. Después del Priorat, tomamos un Clos des Mouches de Drouhin 2005, que he de reconocer me decepcionó un poco. Puede que esté algo cerrado ahora mismo y que haya que esperarle, pero en nariz se mostró muy maduro, mas que el Priorat, casi rozando las tipicas notas de la fruta licorosa tan presente en muchas notas de cata de vinos españoles. La boca si que mostraba buen potencial, pero no se… con esa nariz ahora mismo si apostaría por este vino, aun a pesar de la confianza que le tengo a Drouhin.

Madrid no existe.

Madrid, como París, es un decorado para turistas o quizá una franquicia de sí mismo; pero Madrid, no existe.
Tendremos que admitir que Madrid, mal que nos pese y por mucho título de villa que porte, nunca ha sido más que un pueblo grande. Un pueblo tendido y extendido, como un top-manta de casas, pero pueblo al fin y al cabo. Un pueblo con pretensión de ciudad. Pues este pueblo que dábamos en llamar Madrid, ya no existe.
 
Un sencillo paseo nos permite comprobar como ya apenas quedan cafeterías. Esas en las que entrabas y unos siempre correctos camareros, de camisa blanca y chaleco negro, sin olvidar la pajarita, te saludaban  y para los que el verte aterido (más bien arrecío) de frío les bastaba para interpretar tu gesto con los dedos, simulando una tijera, para saber que querías un café cortado. El azúcar en terrones ¡cómo lo echo de menos!

La cafetería que no ha cerrado es ahora una franquicia. En unas y otras siempre lo mismo y una uniformidad y servicio que no te permite distinguir si estás en una cafetería, en Zara o en Spejo’s. Y el café, trístemente, tampoco te permite dilucidar si te encuentras en Zara o en Spejo’s, para qué engañarnos.

Ya no hay tiendas de ultramarinos. Tiendas que cuando eramos niños suponían la universalidad inabarcable de una despensa que no acertábamos a comprender. En algunas el cartel rezaba así, ‘Ultramarinos’, en otras un promisorio y extensísimo, por lo conceptual, ‘Alimentación’.  Han sido sustituidas por tiendas de “Todo a 1 euro”. Tiendas de último minuto; tiendas para urgencias que nunca lo fueron.

Las panaderías… sigh… Tras las explosión ochentera de “Boutiques del Pan”, el encontrar pan en Madrid es misión imposible, pero también lo es encontrar panaderías. Si en algún lugar leo un cartel en el que se anuncia una ’Tahona’ y el olor acompaña, es cosa de entrar como si fuera suelo sagrado.

¿Cines? Han desaparecido. Se han transformado en franquicias de tiendas de ropa, ¿de qué cadena? ¿acaso importa? ¿hay diferencias? Lo que no hay son cines. La sesión continua parece algo tan lejano como La Guerra Fría y Naranjito.

Todo Madrid parece una enorme franquicia, de sabor, olor y existencia plastificada. Sencillamente esta ciudad, esta villa, este pueblo, es una enorme franquicia.

N.B. : Post escrito tras horas de caminar bajo la lluvia en una villa, pueblo o ciudad que ya no es y con una copa de Vin de Pays des Gaules 2008 , que resulta ser un tinto encantador. Morgon, gamay, sencillo y franco, del que más y mejores detalles podeis leer en el blog de Joan. Ahí donde encontraba una tarta helada de fresas en otros familiares suyos, en este encuentro un pastelito de idem. Más pequeño, más rústico y más pastelería de barrio, pero encantador. 

 

Nota: La imágen proviene de el blog de Leo Borj

 

Junto al balcón.

Y me siento, junto al balcón, mientras apuro la copa; y me siento, mientras me sirvo otra copa de este palo cortado del que siempre querré más. Y bebo otro sorbo de este vino que, de intenso, te bebe y te llora por dentro.
 
Me siento, como cada día, con los ojos cerrados, por verte pasar. Me siento y me pregunto si esa luna que yo veo es la misma que ves tú. Sorbo tras sorbo, bebo. Sentado, en esta noche sin luna, esperando que pases tú.
 
Y que como cada noche enciendo las velas y enciendo las copas para que mi alma sepa volver. Mientras siga lloviendo y siga sintiendo frío beberé otra copa; con los ojos cerrados, para volverte a ver.

Invierno que invoca al vino. Vino que todo lo evoca.

Nota: Imágen de la obra ‘In thoughts of you’ de Jack Vettriano proveniente de http://www.allposters.com 

Recetas que nunca te dije.

Dicen que escribir una receta es una carta de amor sin fecha y destinatario desconocido. Dicen que cocinarlas es corresponderlas. Hay recetas que nunca te dije. Hay recetas que nunca te cociné.
 
Partidos al medio mariné tomates cherry en vinagre balsámico de Módena durante un buen rato, para meterlos después unos minutos en el horno. ¿Cuánto tiempo? Ya sabes que no me llevo bien con lo convencional, con lo esperado, con el reloj; que no sé decir las cosas en dos palabras. Las cosas salen como salen, pero si miramos el horno y vemos como los tomatillos han adquirido un color bonito, huelen bien y están como con un caramelillo por encima que nos hace sentir a gusto, entonces, diga lo que diga el reloj, están hechos.
Mientras los tomates están a lo suyo termino de caramelizar cebolla. Sí, ya sé que la venden hecha y en conserva, pero ¿no prefieres que la cocine yo? Ya terminamos, no tengas prisa, que no son buenas para nada. Corto unas rebanadas de pan de hogaza, las tuesto y unto bien de mascarpone y gorgonzola; que hace poco me he enterado de que se llama algo así como mughetto, pero ya nos conocemos y que si está rico te da igual el nombre. Ahora, sobre el queso recién untado, añadimos un poco de cebolla caramelizada y algunos tomates recién horneados. ¿Que si esto es un sandwich? Claro que no, es un beso comestible. Suave, dulce, intenso.
 
Asustado me tenías, claro que hay algo de beber. El Grand Cuvée de Colet es, seguro, buen acompañante de esta improvisación compartida.

¿Te apetece probar eso? ¿no sabes lo que es? Pruébalo y me dices. Por favor, ¡por supuesto que lo puedes coger con las manos! Son rollitos de bresaola rellenos de canónigos y hojas de espinacas – en ocasiones añado rúcola – , virutas de queso parmesano y todo aderezado con aceite de oliva y unas gotas de balsámico. ¿Rico? Me alegro de que te guste. Es como si esta receta y tú os conociérais desde siempre ¿no crees?. Refrescante, cálido, vital. Un abrazo junto al mar.

La mesa está puesta, no te preocupes; y la cena lo estará en minutos. Algo tenue y agradable. Habas desgranadas a mano, que tú lo mereces, salteadas con jamón y cebolleta, acompañadas de esos tomates que antes conociste y, si te apetece, un algo de queso de cabra a la plancha con una gotita de miel. Espero que te guste, eso y el amontillado AB que hay en las copas. ¿Sonries o me lo parece a mi?

Son recetas que nunca te dije. Son recetas que nunca te cociné. Son vinos que nunca bebimos.

Nota: Fotografía proveniente del sitio www.greenhousekeeper.co.uk

Abstberg

Continuando con la crónica del Mosela, bajamos el río y tomamos el siguiente afluente hacia la derecha, para subir por el Ruwer. A escasos kilómetros del Mosela tenemos dos preciosas laderas, ambas en monopolio, como consecuencia de su pasado monástico, Eitelsbacher Karthäuserhofberg a la izquierda y los dominios de Maximin Grünhaus a la derecha, con las imponentes viñas de Brudersberg, Abstberg y Herrenberg. Seguimos en la parte alta y fría del Mosela, con condiciones similares a las de Saar.

Maximin Grünhaus es una de mis bodegas preferidas, así que, aunque no habíamos concertado hicimos una visita rápida a la bodega, con sus sótanos de piedra, donde los viejos fuders de 1000 L descansan. Por cierto, según nos contaron, los fuder se elaboran en la misma bodega con madera de roble procedente de los bosques de la propiedad. Probamos algunos vinos, como un muy interesante Abtsberg Alte Reben trocken 2008, afilado y algo arisco en estos momentos, pero que seguro que prometerá buenas sensaciones con un poco de guarda. Los “Superior” (algo así como los Grosses Gewächs), estaban bien, pero al pensar en el precio, me quedo con los dulces ya que ese azúcar residual viene muy bien para amortiguar la marcada acidez, sobretodo en esta añada 2008. El kabinett de Abstberg o el spätlese me parecieron simplemente deliciosos, pidiendo guarda, pero con una fusión de una piña madura, suaves notas florales y especiadas, con una mineralizad siempre imponente. Mucha calidad en toda la gama.

Karthäuserhofberg y parte del complejo de la bodega

Al otro lado del río, ocupando los edificios de un viejo monasterio, se encuentra la histórica bodega de complicado nombre, Karthäuserhofberg. Christoph Tyrell nos recibió, pero debido a un pequeño accidente laboral que había sucedido hace escasos momentos, tuvo que ausentarse para ocuparse del accidentado y nos atendió el director técnico. La cata resultó magnífica. He de decir que quedé realmente impresionado por los vinos de esta bodega, que para mi eran completos desconocidos.  El nombre de la bodega es el mismo que el de la viña de la que salen todos los vinos y que trabajan en monopolio. Las cepas tienen una edad de entre 10 y 50 años y se asientan sobre pizarra ferrosa. La uva es prensada rápidamente la uva y a continuación todos los vinos fermentan en acero inoxidable. El vino permanece sobre las lías hasta febrero sin remover. Los fuder que hay en la bodega, tienen una simple función decorativa. No descartan volver a emplearlos mas adelante con algún vino, pero de momento están contentos con los resultados que están teniendo en acero. En las anteriores bodegas que habíamos visitado, nada mas abrir los vinos jóvenes del 2008, se apreciaban unos tufos que necesitaban de buena aireación para desaparecer. Pero en esta bodega, los vinos se mostraban muy limpios desde el principio. Me sorprendió y al comentarlo, me respondieron, que eso podría ser debido en parte a no emplear los fuder y en parte al no removido de las lias.


View Larger Map

Comenzamos con un 2008 kabinett trocken, que mostraba notas de piña y citricos, suaves tonos florales y mineralidad marcada en nariz, también en boca, donde se mostraba algo arisco con esa acidez (7.3 gr/L) desbocada. El mismo vino pero del 2007, se presentaba mucho mas maduro, casi rozando la tropicalidad, como era de esperar de esa añada y en boca estaba mucho mas redondeado y algo mas voluminoso (7.7 gr/L acidez!), muy bueno. El spätlese trocken 2008 enseñaba una nariz muy bien enfocada, pura pizarra, sin adornos, quizás un poco de cítricos, pero principalmente una mineralidad fria y dura, la boca era como chupar un trozo de pizarra. Apabullante. El 2007 era como una evolución. Estos vinos necesitan mucha botella para domar esa acidez. Sobretodo en trocken. Ya he comentado que siempre prefiero los dulces. Pero con este 2007, puedo hacer una excepción, se mostraba muy bien estructurado, esas pizarras aquí formaban un milhojas de texturas con la piña madura y las flores blancas. En boca presentaba un buen volumen. Me gustó. El dialogo era fluido y al preguntarnos como evolucionarían estos vinos y al comentar las diferencias de añadas, nos sacaron el 2003. Si, la añada de la canícula, pero viendo que aquí no andan escasos de acidez… igual en esta bodega si que funcionó la añada. En efecto, la nariz era compleja, notas anisadas, fruta madura, pero sin excesos, la pizarra característica y en boca con gran frescura, volumen y viveza. (12.5%, 7.8 gr/L de azúcar residual y 6.1 gr/L de acidez).

Los vinos. La etiqueta de esta bodega en el cuello es característica

El primer dulce fue un delicioso kabinett del 2007. ¡Como me gustan los kabinett del Mosela! Muy floral, con fruta madura, mineralidad, buena complejidad, en boca muestra un gran equilibrio con un final largo y mineral (45 gr/L az. 7.7 gr/L acidez). Volvemos a la austeridad del 2008 con un majestuoso spätlese, de gran complejidad en nariz, melocotón, flores, muchas flores y la piedra siempre presente. Tengo aquí anotado que la boca es casi perfecta en equilibrio y a continuación un comentario sugiriendo comprar por cajas. Y eso que es un vino joven que grita botella!!! La siguiente fue un auslese 2007 de 87 gr/L de azúcar residual y 8.8 gr/L de acidez. Maduro en nariz, fruta de hueso, naranja de sangre, pizarra. De nuevo gran equilibrio en boca, muy largo en el final dejando un recuerdo de cáscara de naranja. El ambiente era agradable en la sala de cata, disfrutabamos todos en torno a la mesa de los vinos que estábamos probando. Llegaban las botellitas pequeñas. Primero un auslese tonel 51, 2007 (121 gr/L, 8.8 gr/L), que mostraba una complejidad superior al anterior, sin aparentar ese plus de azúcar. Muy largo y fresco, pide repetir. Seguimos descorchando, ahora un auslese Nr.33 de otra buena añada como la 2005, para que comparemos. Se hacen evidentes unas notas de botrytis mucho mas marcadas que en el 2007 y nos confirman, que en efecto hay mas porcentaje de uva afectada en esta añada. Muy joven todavía, algo cerrado en nariz, pero con gran equilibrio en boca. Como antes nos habíamos sorprendido del buen estado de ese 2003 seco, nuestro anfitrión desaparece unos minutos, para volver con un auslese Nr.43 de esa añada.

El cementerio en M. Grünhaus. Estaba cerrado con llave :( Los mas viejos de 1800 y pico.

Increíble complejidad en nariz, al principio se muestra algo medicinal, eucalypus y mentol refrescan una fruta madu

ra que se asienta sobre suaves notas de hidrocarburos y mineralidad. En boca es cremoso, suave, recuerdos de toffee muy largo en el final. El vino esta vivo y muy disfrutable. No quiero imaginarme como estará con unas horas de decantación. Vuelve una botella grande… de Eiswein Nr. 50 2008!! Vendimiado el 30 de diciembre, con 220 gr/

L de azúcar residual y 10.5 gr/L de acidez. En nariz fruta tropical, miel, azahar, mineralidad, pero todo sin excesos, no es nada barroco, como el resto de vinos de la bodega, enfocado y con la mineralidad dominante. Te llena la boca con un combate de acidez y dulzor que pide una buena guarda para asentarse, el final largo, con la mineralidad y notas de miel entremezclandose.

Gran cata. Salimos muy satisfechos y sorprendidos de los vinos de esta bodega, que pasa a ser una de mis preferidas del Mosela. Hay botellas aquí en casa esperando a ser disfrutadas con más calma. En España no recuerdo haber visto nunca estos vinos, pero si alguna vez os encontráis con alguna botella, aprovechad para probar. No son vinos sencillos, por su corte austero, afilado y mineral. Pero a los que os guste ese estilo, no os defraudará.

Weingut von Othegraven

Siguiendo con la crónica del viaje al Mosela, comienzo con esta bodega, situada en Kanzem, a pie mismo de la soleada viña de Altenberg, se encuentra este palacete bodega que lleva ya dos generaciones bajo la mano de una mujer (la anterior propietaria y tía de la actual, se encargó de este weingut, desde 1899 hasta 1995!!). Allí nos esperaba la Dr. Heidi Kegel para darnos la bienvenida a la bodega y enseñarnos los jardines de la bodega, fruto de la afición familiar por la botánica. El jardín muy bonito, pero he de reconocer que apenas podía apartar la vista de la viña. Iluminada por el sol de la tarde, Kanzemer Altenberg se mostraba señorial, con una pendiente vertiginosa mirando hacia el sur. Nos encontramos en el Saar. Aquí el río apenas tiene unos pocos metros de ancho y no va a poder reflejar los rayos del sol al igual que el Mosela o el Rin. El paisaje es mucho más agreste y las  viñas se concentran sobre las mejores pendientes orientadas hacia el sur, protegidas de los gélidos vientos del norte por bosques en la parte superior de las laderas. La viña que teníamos justo enfrente de nosotros mostraba todas estas características. Este pago es el más emblemático de la bodega, con suelos de pizarra Devon mezclada con oxidos de hierro. Las 11 ha con que cuenta la bodega, se reparten entre esta viña, la Ockfener Bockstein, donde el suelo pizarroso es mucho mas rocoso y Kupp en Wiltingen con una pizarra desmenuzada algo mas ferrosa.


View Larger Map

Pocos vinos había probado de esta bodega. En la sala de catas nos esperaba Swen Klinger  en una sala acondicionada para la cata, con buenas copas una bandeja de pan y buenos vinos en la nevera. Comenzamos con los básicos, mostrando ambos muy buen nivel para el precio (7.50 € y 9.50 el Maximus), muy rico el feinherb, frutal y de trago fácil, nos pareció un vino perfecto para aperitivos. Luego llegaron tres vinos que crearon bastante debate. Se trataba de los GG de las tres viñas. ¡Sorpresa! Parecía que las notas de madera que rara vez aparecen en los vinos alemanes se hacían demasiado evidentes. ¿Qué pasa aquí? Bueno, nos cuenta Swen, que han sido elaborados en unos carísimos y exclusivos nuevos fudres de roble. Y aunque se notaba que los vinos tenían estructura y que con botella podrían reponerse al golpe maderístico, ahora mismo a mi no me convencieron en absoluto. El Altenberg parecía moverse con más soltura que los otros dos, y eso que el Kupp solo tenía un 50% de madera nueva. En fin, creo que mejor esperar a que envejezcan un poco esos fudres un par de años para volver a probar los GG de esta bodega. Por suerte, lo mejor estaba por venir. Los dulces. Todos los kabinett estaban magníficos, pero el Bockstein mostraba un equilibrio entre mineralizad y frutalidad realmente magnífico. Al tratarse de 2008, una añada fresca y clásica, donde los vinos se suelen mostrar con un perfil mas afilado, Bockstein suele proporcionar un extra de frutosidad que se combina muy bien con la mineralizad. Un vino para comprar por cajas y guardar.  Con los spätlese, no puedo decantarme por ninguno en especial. Todos estaban magníficos, hubo una comparación Altenberg 2008/2007 y claro, el 2007 en estos momentos se mostraba mucho más amable, voluptuoso y exuberante. También probamos un Bockstein spätlese del 2006, que por el peso del mosto podría haber sido un Beerenauslese, debido a la generosidad de la añada. Realmente rico, fruta bien madura, notas de botritys, largo y equilibrado en boca. También probamos un delicioso auslese del 2004 que no mostraba ningún rastro de notas vegetales y que aunque algo cerrado, mostraba buenas maneras.  Muy buenos vinos en general, con la salvedad de los GG y el problema de la madera.

Salimos de la bodega y nos dirigimos a dar un paseo por Scharzhofberg, mientras dejábamos a nuestra izquierda bonitas viñas como Gottes Fuss, Kupp o Braunfels. La viña de Scharzhofberg es realmente impresionante, unas 27 hectáreas, muchas rodeadas de una red metálica para que no entren jabalíes a comerse las dulces uvas. Llama la atención la diversidad de formas de plantar una viña. La mayor parte esta emparrada, pero en la zona central hay una buena parcela donde esta plantada con los palos tradicionales del Mosela. Hablando el otro día con Roman Niewodniczanski de Van Volxem, me comentó que esa parcela, es la de Egon Müller y que sus viñas están situadas en la zona alta. Ya he hablado en otras ocasiones de los vinos de Van Voxlem, acabo de probar el Scharzhofberger 2008 de esta bodega y me parece muy interesante. Para ser un vino seco y de esta zona del Mosela, no me desagrada en absoluto, aunque sospecho que no será del todo seco. A Roman no lo conocía todavía, un personaje bastante carismático, hablamos un rato y quedé en visitarle un día de estos. Así que ya hablaremos más de Van Volxem en otra ocasión.

Parte central de Scharzhofberg, cepas de Egon Müller

De pena y oro.

Te ajustas la montera y te giras para asomarte sobre el burladero. Ya hace demasiado tiempo que ni te molestas en observar cómo anuncian el toro que te ha tocado. Apenas has llegado a vislumbrar su nombre: Oloroso. Los demás datos no importan; ya hace tiempo que ni te importan. Por algo llevas toda una vida con la suerte cambiada y el viento moviendo el trapo, que se dice pronto y se sufre largo.
 
Se abre el portón y ahí sale. Rumor en la plaza y humo de un cigarro que fuma Gardel. Negro, sin paliativos, es su color. Miradas directas la suya y la tuya, que se cruzan, que se buscan. En la suya, la vida y la muerte. En la tuya tu vida y su muerte. Miradas que se encuentran.
 
Una vida con tu suerte cambiada; mitad bolero a medio cantar, mitad un tango a medio bailar. Gaoneras, sin moverte; ni de la vida, ni de la muerte se huye. Todo ocurre muy deprisa…. Sin lamentos. Una tarde menos vestido de pena y oro y un ay te acompaña de fondo.
 

 
 
 Nota: La fotografía pertenece al sitio Flickr de Chema Concellon.

Entradas antiguas »